Periodistas Doble Cara

Rompiedo Madres

Por María Elvira

En el periodismo jarocho, donde el chisme corre más rápido que el norte en el malecón, hay cosas que nomás no se pueden ocultar aunque le echen bastante perfume. Y es que ahorita, con las aguas políticas moviéndose de un lado a otro, da risa y coraje ver a varios comunicadores jugando a las atajadillas para no quedar mal con nadie.
Ahí tienen, por ejemplo, a uno que otro periodista porteño que les nota a leguas el tufo y la simpatía por Movimiento Ciudadano, pero en cuanto sale al aire el micrófono, se ponen la bata de «neutrales» y se la pasan nadando entre dos aguas. Quieren quedar bien con Dios y con el diablo: por un lado le tiran flores al color naranja y por el otro se quieren vender como la voz imparcial del pueblo. ¡Por favor! En Veracruz ya nos la sabemos de todas todas; aquí sabemos quién masculla y quién traga camote. Ese juego de «soy independiente pero te guiño el ojo» ya no engatusa a nadie.
Y ojo, que no son los únicos. Ahí andan también los de una página que supuestamente hacen periodismo social, haciéndoles la segunda y siguiéndoles el juego como si la audiencia estuviera ciega o sorda. Le hacen la comparsa al circo, matizan las notas según les conviene y creen que el público no se da cuenta de para dónde se inclina la balanza.
Si van a jalar con una marca o un color, tengan el valor de decirlo de frente. En esta tierra nos gusta la gente de una sola pieza, la que habla derecho y no los que andan capeando el temporal para ver de dónde saca mejor tajada. El periodismo de a de veras exige postura y honestidad, no andar haciendo circo para quedar bien en todos los banquetes. Al final del día, el agua del río siempre encuentra su cauce y a cada quien se le cae la máscara sola.

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