Rompiedo Madres
¡A las mujeres de temple les tienen pavor! El coraje misógino contra Rocío y Claudia
Por María Elvira
¡Ay, primo! Mira nada más cómo andan de sulfurados los de la oposición, que ya no hallan ni a qué palo treparse. Desde que la doctora Claudia Sheinbaum asumió la Presidencia y Rocío Nahle agarró el timón aquí en Veracruz, a más de uno se le fue el santo al cielo y se le agrió el café del portal. Pero no nos hagamos borregos: lo que traen contra ellas ya no es crítica política, ¡es un coraje misógino que se les sale por los poros!
A ambas les ha tocado remangarse la camisa y darle duro al trabajo, pero la tirada de la oposición es clara: demeritar cualquier logro, inventar chismes de lavadero y armar narrativas más falsas que un billete de tres pesos. Si hacen obra, malo; si responden, peor. Pareciera que a cierta palomilla les produce alergia ver a dos mujeres preparadas mandando y dando resultados.
Aquí en la jarochilandia la cosa brinca más a la vista. Mire usted, por el Palacio de Gobierno han pasado puros hombres. Hubo varios que de plano pasaron de noche, no levantaron ni una banqueta, dejaron las arcas más limpias que playa en norte y se llevaron el recurso público a manos llenas. ¿Y qué pasó? A la mayoría ni con el pétalo de una rosa los tocaron mientras gobernaban; les aplaudían las ocurrencias y les tapaban las cochinadas.
Ah, pero llega Rocío Nahle a poner orden, a mover la obra social y a meterle ritmo al estado, y ahora sí brincan como chinches en petate. Les da un chiquihuite de rabia que una mujer venga a demostrar cómo se administra con huevos… ¡pero de gallina fina!
La pregunta se contesta sola, pariente: ¿Acaso le ven un futuro político tan fuerte a Rocío que por eso la quieren bajar a la mala y antes de tiempo? ¡Claro que sí! Le tienen pavor al liderazgo femenino y a que la gente vea la diferencia entre los que solo vinieron a saquear y las mujeres que sí le tienen amor a esta tierra. Pero se van a quedar con las ganas, porque al jarocho no lo marean con cuentos chinos; aquí el trabajo se ve, se siente y se respeta. ¡Que sigan ladrando, que la marcha sigue!
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