Mazorcas de hace dos mil años revelan datos sobre la domesticación del maíz

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El ser humano comenzó a cultivar selectivamente el ancestro salvaje del maíz, llamado teosinte, hace unos 9.000 años en México. Pero las variedades parcialmente domesticadas del cultivo no llegaron al resto de América Central y del Sur hasta después de 1.500 y 2.000 años, respectivamente.

Durante muchos años, los académicos han trabajado con la idea de que el maíz primero se domesticó completamente en México y luego se extendió a otros lugares. Sin embargo, después de que las mazorcas de 5000 años encontradas en México resultaran ser solo parcialmente domesticadas, los académicos comenzaron a reconsiderar si este pensamiento capturaba la historia completa de la domesticación del maíz.

En un estudio posterior, los científicos utilizaron ADN antiguo para demostrar que, si bien los primeros pasos hacia la domesticación del teosinte ocurrieron en México, el proceso aún no se había completado cuando los grupos humanos comenzaron a llevarlo hacia el sur, a América Central y del Sur. En cada una de estas tres regiones, el proceso de domesticación y mejoramiento de cultivos se desarrolló en paralelo pero a diferentes velocidades.

En un esfuerzo por perfeccionar los detalles de esta historia de domesticación más rica y compleja, un equipo de científicos descubrió que los restos de maíz de 4.300 años del refugio rocoso de El Gigante en Centroamérica procedían de un lugar totalmente domesticado, con una variedad altamente productiva.

Sorprendidos de encontrar maíz completamente domesticado en El Gigante coexistiendo no muy lejos donde se había descubierto maíz parcialmente domesticado en México, Logan Kistler del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian y Douglas Kennett, de la Universidad de California, Estados Unidos, se unieron para determinar dónde se originó el maíz de El Gigante.

«El refugio rocoso El Gigante es notable porque contiene restos vegetales bien conservados que abarcan los últimos 11.000 años», señala Kennett. «Se han identificado más de 10.000 restos de maíz, desde mazorcas enteras hasta tallos y hojas fragmentados. Muchos de estos restos datan de una fecha tardía, pero a través de un extenso estudio de radiocarbono, pudimos identificar algunos restos que datan de hace 4.300 años».

Así, buscaron mazorcas, granos y cualquier otra cosa que pudiera producir material genético en los estratos arqueológicos que rodean el refugio rocoso El Gigante, y el equipo comenzó a trabajar para secuenciar algunas de las muestras de maíz de 4.300 años del sitio.

Durante dos años, el equipo intentó secuenciar 30 muestras, pero solo tres tenían la calidad adecuada para poder secuenciar un genoma completo. Las tres muestras viables provienen todas de la capa más reciente de la ocupación del refugio rocoso: el carbono data de hace entre 2.300 y 1.900 años.

Los investigadores compararon estos tres genomas con los 121 ya publicados de varias variedades de maíz, incluidos 12 derivados de semillas y mazorcas antiguas. La comparación reveló fragmentos de superposición genética entre las tres muestras del refugio rocoso hondureño y las variedades de maíz de América del Sur.

«El vínculo genético con América del Sur fue sutil pero consistente», apunta Kistler. «Repetimos el análisis muchas veces utilizando diferentes métodos y composiciones de muestra, y seguimos obteniendo el mismo resultado».

Por ello, el equipo plantea la hipótesis de que la reintroducción de estas variedades sudamericanas en América Central podría haber impulsado el desarrollo de variedades híbridas más productivas en la región.

«Estamos empezando a ver una confluencia de datos de múltiples estudios en Centroamérica que indican que el maíz se estaba convirtiendo en un cultivo básico más productivo y de creciente importancia dietética entre hace 4.700 y 4.000 años», incide Kennett.

Estos últimos hallazgos sugieren que algo trascendental pudo haber ocurrido en la domesticación del maíz hace unos 4.000 años en América Central, y que una inyección de diversidad genética de América del Sur pudo haber tenido algo que ver con ello. Este momento también se alinea con la aparición de las primeras comunidades agrícolas asentadas en Mesoamérica que finalmente dieron lugar a grandes civilizaciones como la olmeca, maya, teotihuacana y azteca, aunque Kistler se apresura a señalar que esta idea todavía no se ha confirmado.

«La domesticación, es decir, la evolución de las plantas silvestres durante miles de años hasta los cultivos que nos alimentan hoy, es posiblemente el proceso más importante en la historia de la humanidad, y el maíz es uno de los cultivos más importantes que se cultivan actualmente en el planeta», asegura Kistler. «Comprender más sobre el contexto evolutivo y cultural de la domesticación puede darnos información valiosa sobre este alimento del que dependemos tan completamente y su papel en la configuración de la civilización tal y como la conocemos», agrega.

Con información de: El Imparcial

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