Imitan a insectos y aves para crear un robot volador

Desde que la humanidad existe, el hombre siempre quiso volar, suspenderse en el aire y aletear libremente detrás de los sueños

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Agencias

Ingenieros de la Universidad Nacional de Río Cuarto (Argentina) usan modelos numéricos y programas informáticos especializados para estudiar minuciosamente el movimiento de sus alas batientes y replicarlo en microvehículos aéreos.

Desde que la humanidad existe, el hombre siempre quiso volar, suspenderse en el aire y aletear libremente detrás de los sueños. La naturaleza fue una fuente inagotable para su imaginación, que alumbró leyendas como la de Ícaro –el joven que voló tan alto que el sol derritió sus alas y cayó- y los prototipos de Leonardo Da Vinci. La invención del avión le permitió surcar los cielos y recorrer el mundo, pero ahora va por más: imitar el vuelo perfecto del colibrí y de insectos como el abejorro, la libélula o la mosca. De eso se trata un proyecto en el que trabaja un grupo de ingenieros de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

El reto es gigante: descubrir los secretos de la “supermaniobrabilidad” del vuelo de esas aves e insectos, para replicarlos artificialmente. Primero, en un diseño conceptual y, después, en un prediseño. Estas son dos instancias clave que preceden a la del diseño de detalles, es decir, aquella que concebirá el prototipo de un microvehículo o robot volador.

El colibrí o zunzún es, sin dudas, una de las aves más fascinantes del mundo. Su nombre, precisamente, está relacionado con el zumbido que musitan sus alas al volar. Puede aletear hasta 40 veces por segundo y su agilidad no tiene límites. Esta es una capacidad exclusiva de su especie: el vuelo en todas las direcciones. Puede hacerlo hacia adelante, atrás, arriba, abajo y hasta suspenderse impávido en el aire, burlando la física.

Menos elegante, pero igualmente asombroso, resulta el vuelo del abejorro, ese insecto rechoncho, hermano mayor de la abeja y de alas proporcionalmente tan pequeñas que nadie puede siquiera creerlo capaz de despegar. Y si de interesante se trata, también aparece la mosca, que con escasas neuronas es capaz de trazar patrones de vuelo inexplicables.

Sin embargo, con mucho empeño y gracias a la tecnología, la ciencia encontró una explicación. A diferencia de los aviones, las aves y los insectos mueven sus alas flexibles a gran velocidad, con cambios de dirección muy rápidos e imperceptibles a simple vista, de modo que las turbulencias creadas en torno de ellas son las que les dan lugar al empuje y la sustentación.