Se hará justicia con los que hayan cometido abuso sexual: El Papa

La cumbre antipederastia entona el ‘mea culpa’: “Hemos protegido a los culpables”

Agencias

Municipiossur.com

La Iglesia católica “no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido abusos de tipo sexual” y “nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso” de abusos sexuales. Así lo ha afirmado el Papa Francisco en el último día de reuniones en la cumbre que se ha celebrado en el Vaticano para abordar los abusos a menores dentro de la Iglesia.

En su discurso de clausura, Francisco ha propuesto reforzar las directrices de las Conferencias Episcopales para prevenir y erradicar los casos de pederastia para que estos parámetros “tengan valor de normas y no sólo de orientación” y también ha prometido llevar ante la justicia a los abusadores. En su intervención, Bergoglio comparó la “plaga” de los abusos a menores con las prácticas religiosas del pasado de “ofrecer seres humanos como sacrificio en los ritos paganos”.

Pero las palabras del Papa no ha calado entre las víctimas, que aseguran estar indignadas. No les satisface que, tras tres días de reuniones y en un encuentro histórico, no se llegue a ninguna resolución concreta. El español Miguel Hurtado, que denunció abusos sexuales en el pasado por parte de un monje de la abadía de Montserrat y es uno de los portavoces de la Organización Global de Víctimas(ECA), ha afirmado las palabras del Papa Francisco han sido como “un guantazo”.

La histórica cumbre convocada en el Vaticano que, durante cuatro días, ha reunido a los líderes de la Iglesia católica, ha concluido oficialmente este domingo con el discurso que el Santo Padre ofreció en la Sala Regia del Palacio Apostólico a los 190 participantes, entre los que se encontraban 114 presidentes de conferencias episcopales.

A pesar de que el Pontífice abrió la esperada reunión recordando que las víctimas esperaban de la Iglesia respuestas y “medidas concretas y eficaces”, lo cierto es que el discurso final -como por otra parte se había anunciado anteriormente– no contenía medidas específicas o cambios en la legislación vaticana sino sólo algunos puntos a partir de los cuales abordar estos delitos dentro de la Iglesia.

Inspirándose en las recomendaciones de agencias internacionales, el Papa Francisco ha ofrecido algunas claves para prevenir y erradicar los abusos a menores, entre las que se encontraba “desarrollar un nuevo y eficaz planteamiento para la prevención en todas las instituciones y ambientes de actividad eclesial”.

“Ningún abuso debe ser jamás encubierto ni infravalorado, como ha sido costumbre en el pasado, porque el encubrimiento de los abusos favorece que se extienda el mal y añade un nivel adicional de escándalo”, aseguró el pontífice, a la vez que insistió en que la Iglesia “no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes”, como ya había anunciado durante su contundente discurso ante la curia en diciembre. Pero no especificó cómo se llevará a cabo esa “rendición de cuentas” ante la justicia.

El Papa también ha destacado la necesidad de mejorar la selección y formación de los candidatos al sacerdocio, un punto que fue ampliamente discutido por los líderes religiosos convocados a a cumbre durante estos tres días de intenso debate, y alertó sobre los abusos en el mundo digital. En este sentido, el Pontífice recordó las normas aprobadas por el Papa Benedicto XVI en el año 2010, que incluían como nuevos casos de delitos “la adquisición, la retención o divulgación” de material pornográfico, y sugirió elevar la edad de protección de los menores, hasta ahora fijada en los 14 años.

Durante su largo discurso, el Pontífice puntualizó que la plaga de los abusos no es exclusiva de las instituciones católicas. “Es universal y transversal”, dijo citando varios informes de instituciones internacionales. Sin embargo “es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética”.

Una afirmación que muchas víctimas rechazaron por considerar que el Pontífice había intentado “externalizar el problema”. “Nosotros hemos sido abusados dentro de la Iglesia por sacerdotes, obispos y maestros católicos. Por lo tanto, querríamos que nos diera una explicación de qué va a hacer con nuestros casos”, dijo Miguel Hurtado, víctima de abusos por parte del monje de Montserrat ya fallecido Andreu Soler.

Las víctimas reclaman contundencia

Antes de que el Santo Padre concluyera su discurso, las víctimas llegadas a Roma esta semana desde todos los rincones del mundo comenzaron a concentrarse en los alrededores de la Plaza de San Pedro, indignados por la falta de medidas concretas. “El discurso del Papa ha sido una bofetada”, señaló Hurtado.

El portavoz de la Asociación Nacional Infancia Robada definió como algo “gravísimo” la denuncia el día anterior del presidente de la conferencia episcopal alemana, el cardenal Reinhard Marx, que reconoció haber destruido pruebas de investigaciones criminales. “El diablo no está fuera de la Iglesia. El diablo es la jerarquía católica”.

Las víctimas de abusos por miembros del clero reclaman que la Iglesia tiene que denunciar y entregar los archivos de los casos de pederastia a las autoridades civiles, y cesar inmediatamente a los obispos encubridores. Pero según ellos, ninguna de éstas acciones concretas -incluidas en un informe de 2014 de la ONU– son defendidas con contundencia por la jerarquía católica. Si bien es cierto que en 2016 el papa Francisco aprobó mediante un decreto ley la posibilidad de expulsar a los eclesiásticos a causa de “causas graves”, incluidos a los obispos que ignoren los abusos.

El jesuita Federico Lombardi, uno de los organizadores de la cumbre, adelantó a los medios algunas medidas específicas propuestas por el Papa que se implementarán próximamente, como la creación de un grupo de expertos en las conferencias episcopales y diócesis, la elaboración de un “vademécum” para que los obispos conozcan claramente cómo actuar, y la promulgación “inminente” de un Motu Proprio que irá acompañado de reformas legislativas concretas para contrastar los abusos sexuales dentro de la curia romana y el Estado del Vaticano.