Abelardo Cruz Solís, quien murió en la planta de sal de Jaltipan, fue sepultado en su natal San Luis Potosí. Compañeros lo acompañaron a su última morada. La familia del trabajador está devastada

Por eso, en su último homenaje, sus compañeros hicieron algo que convirtió la despedida en una escena profundamente simbólica: cargaron su féretro y recorrieron con él las bases del campo

Por Heidi Castellanos

Municipiosur.com

Después de perder la vida en la explosión e incendio registrados en la planta de sal de Jáltipan, en el sur de Veracruz, Abelardo Ortiz Solís regresó a su tierra natal, Ébano, San Luis Potosí, donde familiares, amigos y compañeros le dieron el último adiós.

Pero su despedida no ocurrió en cualquier lugar. El féretro de Abelardo fue llevado hasta el campo de béisbol “18 de Marzo”, el mismo deporte que marcó buena parte de su vida. Ahí, entre aplausos, música de banda y lágrimas, quienes lo conocieron lo despidieron recordando al hombre que durante décadas compartió con ellos su pasión por el llamado “rey de los deportes”.

Dieron a conocer que Abelardo comenzó a jugar desde los 16 años con los Tigres de Santa Elena. Más adelante participó en la liga regional y defendió los colores de Gallos de Santa Mónica, además de otros equipos de la región.

Para sus amigos, el béisbol fue mucho más que una afición. Fue el espacio donde hizo amistades, compartió momentos y dejó recuerdos que hoy permanecen entre la comunidad deportiva de Ébano.

Por eso, en su último homenaje, sus compañeros hicieron algo que convirtió la despedida en una escena profundamente simbólica: cargaron su féretro y recorrieron con él las bases del campo. Primera base, segunda, tercera y finalmente home.

Mientras avanzaba por el diamante se escuchó entre los presentes una última porra: “¡Corre, Abe, corre!”

Así fue como sus amigos quisieron despedir al jugador, al compañero y al hombre que tantas veces recorrió esas mismas bases. A su lado estuvieron su esposa, Evelia Mireya Martínez Valdez, y sus hijos, José Abelardo y Mirelly Ortiz Martínez, además de familiares y amigos que llegaron para acompañarlo en su regreso a casa.

Abelardo fue despedido también con sus uniformes de trabajo y deportivos, como una representación de las dos facetas que formaron parte de su vida.

Él fue una de los dos trabajadores que perdieron la vida durante este accidente. Otros dos trabajadores resultaron lesionados, uno ya fue dado de alta y el otro continúa recibiendo atención médica.

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