La Casa de la Cultura de la Sección 10 del STPRM abrió sus puertas para recibir a niñas y niños que llegaron con curiosidad, energía y muchas ganas de descubrir nuevas experiencias. Se  realizó el importante taller Mini Chef


Agencias

Municipiosur.com


Hay momentos que parecen durar un instante… Pero cuando están llenos de sonrisas, aprendizajes y nuevas experiencias, se quedan para siempre en la memoria. Durante 30 días, la Casa de la Cultura de la Sección 10 abrió sus puertas para recibir a niñas y niños que llegaron con curiosidad, energía y muchas ganas de descubrir. Y poco a poco, aquel primer día se convirtió en una aventura. Aquí aprendieron que bailar no solamente es seguir una melodía… también es expresarse, perder la pena y atreverse a ser uno mismo. Descubrieron nuevos ritmos, aprendieron pasos y coreografías, pero también conocieron algo mucho más importante: el valor del respeto, la ética y la convivencia. En el taller de Mini Chef, la imaginación se convirtió en sabor. Pequeñas manos aprendieron a preparar postres, decorar galletas y crear sus propias hamburguesas. Cada receta fue un experimento. Cada creación, un motivo para sonreír. Y mientras unos descubrían el arte a través de los colores y las formas, otros comenzaban a dar sus primeros pasos en el mundo de la música. Acordes, canto y creatividad se encontraron para demostrarles que el arte también puede ser una manera de contar quiénes somos. Pero la aventura no terminó dentro de las aulas. En la Unidad Deportiva Nanahuatzin, niñas y niños salieron al encuentro de nuevos retos. Aprendieron a armar una casa de campaña, conocieron el rapel de piso y descubrieron la importancia de utilizar correctamente un arnés. Aprendieron que cada reto puede superarse cuando existe confianza, disciplina y trabajo en equipo. También hubo deporte, activación física, juegos recreativos y baile moderno. Pero quizá, entre todas esas actividades, ocurrió algo todavía más importante: se hicieron nuevos amigos como el “Grupo maravilla”. Compartieron risas, juegos, aprendizajes y momentos que hoy forman parte de una historia que apenas comienza. Durante este mes, maestros, personal administrativo, equipo de apoyo y cuerpo de gobierno caminaron junto a cada niña y cada niño. Y detrás de cada actividad hubo algo fundamental: el compromiso de brindarles un espacio seguro, digno y lleno de oportunidades. Un lugar donde madres y padres de familia pudieran tener la tranquilidad de saber que sus hijos estaban acompañados, cuidados y aprendiendo. Hoy, al llegar el momento de la clausura, las sonrisas son diferentes. Porque despedirse de una experiencia así también significa reconocer todo lo que se ha vivido.

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