En Coatzacoalcos, su espectáculo ha llamado especialmente la atención de las familias y de los niños, quienes suelen señalarlo desde los vehículos y preguntar a sus padres cómo es posible que pueda mantenerse sobre el cable
Por Heidi Castellanos
Municipiosur.com
Mientras los automovilistas esperan el cambio de luz en los semáforos y el calor se hace sentir sobre las calles de Coatzacoalcos, Jesús Rodríguez Hernández desafía el equilibrio a varios metros del suelo. Con un cable de acero como escenario, este joven de 25 años lleva el arte circense a las avenidas de la ciudad y convierte la rutina del tráfico en un espectáculo que sorprende a quienes pasan por el lugar. Originario de Puebla, Jesús es funambulista, una disciplina que consiste en caminar y realizar distintas maniobras sobre un cable suspendido. Desde hace seis años comenzó a practicarla y, desde entonces, ha convertido esta habilidad en una manera de recorrer distintos lugares, conocer nuevas personas y obtener ingresos a través de su arte. “Yo soy un funambulista, el funambulista es aquel que camina en un cable. Entonces yo pues camino en un cable y trato igual a veces de hacer como malabares, que no es lo mío, yo no soy malabarista, pero es algo que complemento con mi acto y a veces hago un poco de hulas o eso”, explicó. Su presentación requiere más que equilibrio y concentración. Antes de comenzar, Jesús debe estudiar las condiciones del sitio, colocar el cable y asegurar cada uno de los puntos de anclaje para poder realizar su espectáculo. Él mismo fabrica sus anclajes y se encarga de instalar y retirar el cable de acero, un proceso que puede realizar en cuestión de minutos. La altura y la tensión del cable también cambian dependiendo del espacio disponible y de las condiciones de cada lugar. Esta capacidad de adaptarse le permite llevar su espectáculo a distintos puntos durante sus viajes, aunque detrás de cada presentación existe también una historia de aprendizaje y constancia. En Coatzacoalcos, su espectáculo ha llamado especialmente la atención de las familias y de los niños, quienes suelen señalarlo desde los vehículos y preguntar a sus padres cómo es posible que pueda mantenerse sobre el cable. Para Jesús, precisamente esa reacción es una de las principales razones para continuar con su actividad. “Es algo muy bonito desde el punto de que los niños dicen: ‘mira mamá, mira lo que está haciendo’. Entonces también a veces no es tanto el dinero, sino como la emoción de poderle transmitir algo a la gente y para mí eso es el arte, transmitirles”, compartió. Y aunque su presentación tiene como objetivo obtener algunos ingresos, el reconocimiento de las personas que se detienen a observarlo representa para él una recompensa adicional. Durante sus presentaciones recibe monedas, aplausos, palabras de reconocimiento y, en ocasiones, agua o comida de quienes quedan sorprendidos al verlo caminar sobre el cable. Para algunos habitantes de Coatzacoalcos, encontrarse con un espectáculo de estas características en plena calle resulta poco común. “Me admiró del show que está dando, es diferente y se está ganando la vida honestamente. Yo soy taxista, llevo muchos años y no había visto esto”, comentó Arturo Mingo, taxista de Coatzacoalcos. Así, entre cláxones, semáforos y el movimiento constante de las avenidas, Jesús encuentra un escenario poco convencional. Unos cuantos metros de cable de acero son suficientes para captar las miradas y demostrar que el arte circense también puede salir a las calles.
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