A los “Lobos” de la CMIC, les volvió dar “Hambre vieja”. Como en las décadas de los 80, hasta el 2020, los que un día fueron los caciques de la organización, en este año quieren volver a tomar el control de la Cámara en la figura de Álvaro Ruiz Pimentel, quien es uno de los principales socios de Oscar Fosado. Los viejos “Lobos” de la CMIC como ahora ven que el organismo esta fuerte y pujante, pues quieren truncar que siga el relevo generacional, siendo su único objetivo, sus intereses personales, mandando al carajo al resto de los agremiados de la institución. La llegada de Álvaro Ruiz Pimentel, es retroceder en forma brutal. Los socios de la CMIC, los cuales en un 98% son jóvenes constructores, ya no deben permitir que los “Viejos Lobos” de la CMIC se lo sigan chingando todo. Costó mucho trabajo para que se dieran el relevo generacional, desde 2019, para que ahora, una bola de cabrones, a quienes de nuevo les dio “hambre”, quieran seguir controlando el destino de la CMIC. La nueva generación de constructores no puede permitir tan grave abuso. La CMIC no puede caer en manos de los que un día fueron filántropos de los “Yunes Azules”. La CMIC no puede y no debe regresar, otra vez, a una “época negra”, así como en su momento ocurrió cuando la institución fue controlada por, Omar Carrillo, Jorge “El Chato” Cobos”, Marco Antonio Juárez Torres, Cornelius Daniel Versteeg, Luis Bilbao, Oscar Fosado, Narciso Farfán, Álvaro Ruiz Pimentel, Saúl Márquez Casango, Jorge Arboleya Pastrana, Amado Nivón, Daniel Aguilar Avendaño, Martín González y Antonio Bustos Peter. Cuando en Xalapa se enteren que uno de los que un día fue uno de los principales filántropos de Miguel Ángel Yunes, es un hecho que se cerraran las puertas

Durante tres décadas, es decir, durante 30 años, la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción en Coatzacoalcos, fue controlada en su totalidad por cinco ex poderosos constructores porteños, y aquí hay que citar los nombres de, Omar Carrillo, Jorge “El Chato Cobos”, Marco Antonio Juárez Torres, Cornelius Daniel Versteeg y Luis Bilbao. Estos poderosos caballeros porteños, hacían y deshacían al interior de la CMIC. Este grupo de hombres de negocios fue a los que bautizamos como “Los Lobitos” de la CMIC. Conforme se fueron haciendo viejos o bien murieron estos personajes, se dio el nacimiento de otro grupo de “Lobitos”, los cuales desde el 2000 representaron el reveló generacional al interior del organismo empresarial, fue así que aparecieron en escena varones de la talla de, Oscar Fosado, Narciso Farfán, Álvaro Ruiz Pimentel, Saúl Márquez Casango, Jorge Arboleya Pastrana, Amado Nivón, Daniel Aguilar Avendaño, Martín González y Antonio Bustos Peter. Cuando este nueva camada de “Lobitos” se hizo cargo de la CMIC, al interior de los constructores, se dio la celebración, ¿el motivo?, chamacos “nuevos” habían llegado al poder de la institución, por lo tanto la esperanza de todos los socios era que se hiciera un rescate de la CMIC, pero sobre todo que cuando hubiera pastel, este se repartiera entre todos los socios. Lo anterior no fue así, la segunda manada de “Lobitos” practicó las mismas prácticas de los primeros “Lobitos”, es decir, cuando conseguían obras en base a la influencia de la CMIC, no repartían absolutamente nada, ellos, ese pequeño grupito de constructores, se lo chingaban todo, dejando al resto de los socios como al chinito, “nomas mirando”. Tuvieron que pasar cerca de 50 años para que al interior de la CMIC se diera otro relevo generacional, para mandar al carajo a la manada de “Lobos Hambrientos” que solo echaban mano de la “Ley del Embudo”, es decir, lo más ancho para ellos, y lo más angosto para el resto de los socios. Fue así que en enero del 2019, llegó como presidente de la CMIC, Pablo Farfán Sánchez, un hombre que no llegaba a los 30 años de edad. Con Pablo la CMIC tuvo otro ritmo de trabajo, pues todas las obras que se lograban vía la Cámara, la “chamba” era repartida entre los socios. Luego llegó al liderazgo otro joven de nombre Fernando Escamilla Aguilar, y sucedió lo mismo, todo el trabajo se repartía en forma equitativa. Ya luego llegó Iván Ordaz, actual presidente de la CMIC, quien con la misma filosofía de Farfán y Escamilla, no se come nada solo, la repartición la hace junta y equitativamente. Hoy la CMIC, desde enero del 2019 a la fecha, vive otro momento, donde los “gandayas” ya no existen, tal y como ocurrió en la primera y segunda época de “Los Lobitos”. ¡Señores!, los últimos seis años, de dignificación de la Cámara, donde la CMIC se fortaleció, creció, pero sobre todo les dio confianza a los socios, al parecer se va a ir al cesto de la basura. ¿Saben porque?, porque la segunda camada de “Lobitos”, la cual es encabezada por Oscar Fosado y Narciso Farfán, ya les dio “hambre”, y ahora su objetivo es que uno de sus “lobitos” quede al frente de la CMIC, quien en breve tendrá cambio de dirigente. Los eternos “hambre vieja” de la CMIC, quieren poner como futuro presidente de la CMIC a Alvarado Ruiz Pimentel, un señor cercano a los 65 años, representante de la empresa IDYUR y uno de los principales socios de Oscar Fosado. Los viejos “Lobos” de la CMIC como ahora ven que el organismo esta fuerte y pujante, pues quieren truncar que siga el relevo generacional, siendo su único objetivo, sus intereses personales, mandando al carajo a los socios. La llegada de Álvaro Ruiz Pimentel, es retroceder en forma brutal. Los socios de la CMIC, los cuales en un 98% son jóvenes constructores, ya no pueden y no deben permitir que los “Viejos Lobos” de la CMIC se lo sigan chingando todo. Costó mucho trabajo para que se dieran el relevo generacional, desde 2019, para que ahora una bola de cabrones, a quienes les dio “hambre” quieran seguir controlando el destino de la CMIC en Coatzacoalcos. La nueva generación de constructores no puede permitir tan grave abuso. La CMIC no puede caer en manos de los que un día fueron filántropos de los “Yunes Azules”, en especial de Miguel Ángel Yunes Linares. Esto apenas confianza. Fin del comunicado. “No hay hilos, no hay alambres”. (Artículo escrito por Federico Lagunes Peña).

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