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Un equipo de astrofísicos de Northwestern University detectó una cavidad gigante con forma de cono cerca de Sagitario A, el agujero negro supermasivo ubicado en el centro de la Vía Láctea. El hallazgo importa porque ofrece nueva evidencia de que este agujero negro no solo atrae materia, sino que también puede expulsar energía y material hacia su entorno. Afecta al campo de la astronomía y a la comprensión sobre cómo evolucionan las galaxias. Lo confirmado, según Northwestern University, el estudio publicado en The Astrophysical Journal Letters y datos del Observatorio Chandra de la NASA, es que la cavidad aparece como una zona casi libre de gas molecular frío y alineada con Sagitario A. Lo que no se confirma es que represente un riesgo para la Tierra o que sea una explosión reciente visible desde nuestro planeta.
El descubrimiento fue explicado inicialmente por National Geographic y está respaldado por información difundida por Northwestern University, además de observaciones del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, conocido como ALMA, y del Observatorio de Rayos X Chandra, operado por la NASA.
¿Qué encontraron cerca del agujero negro de la Vía Láctea?
Los investigadores identificaron una gran cavidad con forma de cono en el gas frío que rodea a Sagitario A*. Esta estructura aparece como una ausencia de gas molecular frío, justo en una zona cercana al centro galáctico.
La cavidad mide casi un parsec de largo, lo que equivale a unos tres años luz, y tiene una abertura aproximada de 45 grados, de acuerdo con Northwestern University. Su orientación apunta hacia Sagitario A*, lo que llevó al equipo a considerar que su origen está relacionado con el propio agujero negro.
En términos simples, los científicos observaron una especie de “hueco” en una región donde normalmente debería haber gas frío. Ese vacío no se interpreta como una falta casual de materia, sino como una huella dejada por un viento caliente y energético.
¿Qué es Sagitario A* y por qué es importante?
Sagitario A* es el agujero negro supermasivo que se encuentra en el centro de la Vía Láctea. Está a unos 26 mil años luz de la Tierra y tiene una masa estimada de alrededor de 4 millones de veces la del Sol.
Durante años, los astrónomos han estudiado este objeto porque permite entender cómo funcionan los agujeros negros desde una distancia relativamente cercana en términos astronómicos. Aunque no puede observarse como una estrella común, sus efectos sobre el gas, el polvo y otros objetos cercanos permiten analizar su comportamiento.
El interés científico está en una pregunta central: si los agujeros negros absorben materia, ¿también expulsan parte de esa energía hacia fuera? Este nuevo hallazgo apunta a que sí ocurre en Sagitario A*, aunque de una forma menos intensa que en otros agujeros negros más activos.
¿Por qué este hallazgo resuelve una duda de 50 años?
Por décadas, la teoría indicó que los agujeros negros activos debían producir vientos o chorros de materia. Esto ocurre porque el material que cae hacia el agujero negro se mueve a velocidades muy altas y genera energía suficiente para empujar parte del gas hacia afuera.
El problema era que, en el caso del agujero negro de la Vía Láctea, no se había logrado observar con claridad esa señal.
Mark Gorski, uno de los autores principales del estudio, lo resumió así: “A menos que un agujero negro exista en un vacío perfecto, debe generar viento de alguna manera”.
Con las nuevas observaciones, el equipo logró ver la huella de ese viento. La cavidad en forma de cono sería la señal que durante décadas se buscó en el centro de la galaxia.
¿Cómo lograron ver una estructura tan difícil de detectar?
El equipo utilizó cinco años de observaciones profundas de ALMA, un conjunto de radiotelescopios ubicado en Chile. Estos datos permitieron construir una imagen de alta precisión del gas molecular frío alrededor de Sagitario A*.
Después, los investigadores aplicaron una técnica de calibración para reducir el brillo de radio generado por el propio agujero negro. Al hacerlo, pudieron observar estructuras que antes quedaban ocultas.
Según Northwestern University, la imagen obtenida fue 100 veces más profunda y 80 veces más nítida que mapas previos de la misma región. Esa mejora permitió detectar la cavidad cónica.
El proceso puede resumirse así:
• Se analizaron cinco años de datos de ALMA.
• Se observó el gas frío cercano al agujero negro.
• Se retiró informáticamente el brillo intenso de radio de Sagitario A*.
• Se reveló una cavidad cónica casi sin gas molecular frío.
• Se comparó la estructura con datos de rayos X de Chandra.
¿Qué papel tuvo el Observatorio Chandra de la NASA?
El Observatorio Chandra ayudó a confirmar que la cavidad no era solo un error de análisis o una irregularidad en los datos de radio.
Las observaciones de Chandra mostraron emisión de rayos
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