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En los océanos del planeta existen enormes acumulaciones de residuos conocidos como islas de basura, formadas principalmente por plástico que no se degrada fácilmente.
Estas concentraciones han alcanzado tamaños comparables con países enteros y representan uno de los mayores retos ambientales actuales.
De acuerdo con estimaciones internacionales, cada año se producen más de 460 millones de toneladas de plástico, y entre 8 y 12 millones terminan en el mar, mientras que solo alrededor del 9% se recicla, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
En este contexto, la búsqueda de soluciones ha llevado a nuevas propuestas científicas para reutilizar estos residuos.
Las cinco grandes islas de plástico en el océano
En los océanos del mundo se han identificado cinco grandes zonas de acumulación de basura:
• La del Pacífico Norte, con un tamaño aproximado tres veces el de Francia
• La del Atlántico Norte, similar a la superficie de Japón
• La del Pacífico Sur, comparable con Sudáfrica
• La del Atlántico Sur, equivalente a Egipto
• La del Océano Índico, ligeramente mayor que Arabia Saudita
Estas áreas concentran millones de toneladas de desechos que flotan y se fragmentan con el tiempo, afectando ecosistemas marinos y cadenas alimenticias.
Una posible solución: convertir plástico en hidrógeno limpio
Investigadores de la Universidad de Adelaida desarrollaron un método experimental para transformar residuos plásticos en hidrógeno limpio mediante el uso de luz solar.
Este hidrógeno puede utilizarse como combustible en industrias como la del acero y el vidrio, así como en transporte pesado como aviones, barcos, trenes y camiones, con la ventaja de generar bajas emisiones de gases de efecto invernadero.
Cómo funciona el proceso
El procedimiento consiste en varios pasos:
Primero, los residuos plásticos se trituran y se mezclan con agua que contiene fotocatalizadores, materiales que reaccionan a la luz solar.
Después, la mezcla se expone a la radiación del sol. Esto provoca que las moléculas del plástico comiencen a descomponerse, liberando hidrógeno en forma de burbujas, el cual posteriormente puede ser recolectado como combustible.
Qué plásticos pueden utilizarse
No todos los residuos pueden ser procesados con esta técnica. De acuerdo con investigaciones publicadas por la American Chemical Society y Science China Chemistry, los materiales compatibles incluyen:
• PET (#1): botellas y envases de alimentos
• HDPE (#2): envases de leche, detergente y shampoo
• LDPE (#4): bolsas de plástico
• PLA: plástico de origen biológico
• PP (#5) y PS: tapas, vasos, envases de yogurt y unicel
Limitaciones del proceso
Aunque la tecnología es prometedora, todavía enfrenta retos importantes. No todos los plásticos reaccionan igual, y el proceso requiere separación previa muy precisa, además de una cantidad significativa de energía para su implementación a gran escala.
Los investigadores señalan que uno de los principales desafíos será convertir este método en un sistema industrial eficiente y viable.
Un avance con potencial, pero no una solución definitiva
Organizaciones como el World Wildlife Fund (WWF) recuerdan que el plástico puede tardar entre 200 y 500 años en degradarse, lo que convierte su acumulación en un problema de largo plazo.
Esta nueva tecnología no resuelve por completo la crisis del plástico en los océanos, pero podría convertirse en una alternativa parcial para reutilizar parte de los residuos ya existentes.
La pregunta de fondo sigue abierta: qué hacer con los millones de toneladas de plástico que continúan llegando al mar cada año.
Con información de: El Imparcial
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