Por Julio Escobar
Municipiosur.com
Por amor, Nemorio Cortés Mendoza ha recorrido calles, hospitales y hasta vendido sus pertenencias para comprar los medicamentos de su esposa, Patricia del Carmen Vázquez Bautista, quien desde hace cuatro años enfrenta una batalla contra un tumor cerebral. Sin empleo fijo y con pocos recursos, este hombre de 58 años se ha convertido en el principal sostén y cuidador de su compañera de vida. “Mi esposa está enferma, tiene un pequeño tumor en el cerebro, Patricia del Carmen Vázquez Bautista, de 53 años, hace como cuatro años le detectaron un tumor en el cerebro, comenzó a tomar mucho medicamento, a través de eso enfermó ahora del estómago, que pareciera que estuviera embarazada, pero tenía mucho excremento acumulado”, relató Nemorio con voz entrecortada. UN DIAGNÓSTICO QUE CAMBIÓ TODO La enfermedad comenzó de forma silenciosa, mientras trabajaban en los campos agrícolas de Sinaloa y Baja California, Patricia empezó a sufrir constantes dolores de cabeza. pensaron que se trataba de migrañas, pero el diagnóstico final cambió sus vidas. “Nosotros trabajábamos en Sinaloa, en Ensenada, Baja California, en el corte de tomate, pepino y chile morrón, ahí fue donde ella se me enfermó. Me la canalizaron como tres veces, pensábamos que era migraña, era mucho dolor de cabeza, hasta que un día la llevamos al Centro de Salud en Ensenada y ahí en el estudio salió que ya tenía un tumor en el cerebro”, recordó. Tras iniciar el tratamiento, la pareja regresó a Coatzacoalcos, donde Patricia es atendida en el Hospital IMSS Bienestar “Valentín Gómez Farías”. Sin embargo, los fuertes medicamentos que consume han comenzado a dañar su estómago, provocándole diarreas, dolor y dificultad para alimentarse. “Le recetaron más medicamentos, pero no sé si esos medicamentos le están haciendo más daño, porque ahora tiene diarrea, y mucho dolor en el estómago. Cada que come ella, chayote, calabaza, cuando puedo, un pedazo de pollo, pero no ya no lo sostiene, porque después de comer le arde el estómago y va al baño”, lamentó Nemorio. ENTRE LA NECESIDAD Y LA DIGNIDAD Con el paso de los meses, los gastos médicos aumentaron y los ingresos se esfumaron, sin empleo fijo, Nemorio hace lo posible por conseguir dinero, aunque reconoce que pedir ayuda le resulta difícil. “A veces me da vergüenza pedir con la gente, porque ya no tengo para los medicamentos. A veces no puede dormir, es mucho el dolor que ella tiene, cada que toma los medicamentos se la pasa todo el día durmiendo”, comentó. SIN HOGAR FIJO, LOS CURRIÓ SU HIJA La pareja tampoco cuenta con una vivienda propia, han pasado por casas de familiares que, al final, terminan por correrlos. Actualmente viven en un domicilio prestado ubicado en la colonia Dunas-Olmeca, en la calle Río Grijalva 462. “Vivo en Dunas–Olmeca, en la calle Río Grijalva 462, ahí estamos ahorita. Primero vivíamos en Las Palmitas, pero hubo un pequeño problema con los hermanos de ella, luego nos fuimos a vivir con la hija de ella, pero ahora que regresó la muchacha, nos corrió”, contó.
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