Homero Bennet, Oceanólogo, afirma que el municipio de Coatzacoalcos esta ajeno a sufrir una gran inundación como la ocurrida en Poza Rica, donde el Río Cazones provoco grandes daños. Los humedales salvan al puerto de tragedias

Por Elizabeth Aviña

Municipiosur.com

Aunque Coatzacoalcos y la zona sur de Veracruz comparten con el norte del estado un historial de lluvias intensas y crecientes fluviales, especialistas sostienen que las características naturales del territorio —sus humedales, pantanos y zonas de amortiguamiento— actúan como una “esponja” que mitiga el riesgo de una inundación catastrófica como la que recientemente afectó a Poza Rica y municipios vecinos del río Cazones. Un sistema natural de defensa: los humedales y pantanos del sur El río Coatzacoalcos, uno de los más caudalosos del país junto con el Grijalva y el Uxpanapa, recorre una vasta zona de suelos saturados, conformados por arenas, gleysoles (lodos plásticos) y fluviosoles (tierras rojas), materiales que captan y retienen el agua durante largos periodos. “Todo lo que rodea a Coatzacoalcos, desde Cosoleacaque, Minatitlán y Agua Dulce, hasta los márgenes del río Calzadas, funciona como un gran vaso compensador. Cuando hay lluvias torrenciales, los pantanos absorben el exceso y evitan que el agua se meta de lleno a la ciudad”, explicó Homero Bennet, Oceanologo. Entre esos ecosistemas destacan el Pantano de las Matas y la isla Yegual, considerados por ambientalistas como amortiguadores naturales de las crecidas. “Cuando llueve fuerte, esas zonas se hinchan, el nivel del agua sube, pero luego se libera gradualmente. Es lo que hace una esponja”, apuntó. Colonias en riesgo: el factor humano. No obstante, el peligro persiste en los asentamientos irregulares situados en los márgenes del río Coatzacoalcos y sus afluentes. Colonias como Playón Sur, Trópico de la Ribera, Electricistas, Francisco Villa y parte de Petroquímica se ubican en zonas por debajo del nivel del río o sobre terrenos pantanosos, lo que incrementa la posibilidad de anegamientos locales cuando se combinan las lluvias con mareas altas o nortes severos. “En esas zonas el agua no llega por desbordamiento del río, sino por elevación del nivel freático. El suelo no drena, y el agua empieza a subir desde abajo”, explicó. Casos similares se observan en colonias como San Silverio, donde estudios topográficos han mostrado que el nivel del terreno está casi tres metros por debajo del nivel del mar. “Cuando hay norte fuerte, el agua se acumula, el suelo se mueve, y las casas literalmente se hunden lentamente, como sucede con la Catedral de la Ciudad de México”, se agregó. La lección de Poza Rica A diferencia del sur, Poza Rica se asienta sobre márgenes angostos y urbanizados del río Cazones, donde el crecimiento urbano ocupó áreas federales que deberían servir como zonas de desahogo natural. “Ahí se construyeron colonias, bodegas y campos deportivos a la orilla del río. Cuando el cauce se llenó, el agua no tuvo a dónde ir”, se detalló. Además, el fenómeno meteorológico que afectó al norte del estado fue resultado de una descarga masiva de humedad que se acumuló en la Sierra Madre Oriental. “Las nubes venían del Golfo, chocaron con las montañas y precipitaron. Toda esa agua bajó por los ríos Necaxa y Cazones, sobrepasando los muros de contención”, relató el experto. Ordenamiento ecológico, la clave pendiente El reto para el sur de Veracruz —aseguró— es revisar y hacer cumplir el ordenamiento ecológico territorial, que define qué zonas pueden ser habitadas, cuáles deben conservarse como humedales y en dónde no se debe construir. “Muchas veces quienes deciden dónde fraccionar o autorizar viviendas no conocen el terreno. Los pantanos y zonas de recarga hidráulica se están rellenando sin considerar su función natural. Y el riesgo es que al perder esas esponjas, el agua buscará otros caminos”, advirtió el entrevistado. Coatzacoalcos: vulnerable pero preparado Si bien Coatzacoalcos no es inmune a inundaciones, su estructura geográfica ofrece ventajas frente a otras regiones. “Aquí el agua tiene por dónde salir: hacia los pantanos, hacia las lagunas, hacia el mar. En el norte, en cambio, el agua quedó atrapada entre cerros y márgenes urbanizados”, puntualizó. El verdadero riesgo, concluyó, está en la pérdida acelerada de los humedales y el crecimiento desordenado de los asentamientos. Si no se protege el ecosistema natural, “la ciudad podría perder la defensa que hoy la mantiene a salvo de un desastre como el de Poza Rica”.

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