Los ciudadanos están hartos, es decir, están hasta la madre, de escuchar a los funcionarios estatales de “quejarse” que en las oficinas que están bajo su encargo, “detectaron” un chingo de “raterías”, las cuales presuntamente fueron cometidas por ex funcionarios del gobierno estatal. Aquí hemos comentado que ya da “hueva” escuchar los “lamentos” de las autoridades estatales sobre la corrupción que han detectado, donde lo robado es por docenas y cientos de millones de pesos. Los funcionarios estatales que “denuncian” las “pillerías” lo hacen en ruedas de prensa o mandando “mensajes” a los periodistas o medios de comunicación. Los funcionarios estatales que hoy en día están encaramados en el “pinche poder” quieren combatir los “daños patrimoniales” y “desvíos de recursos financieros” en el área “mediática” y se les olvida denunciar los “robos”, primero en la Contraloría General del Estado; Órgano de Fiscalización Superior y Congreso Estatal. Si los que hoy “gritan” que han “encontrado” brutales “raterías” en sus áreas de influencia, echan mano de la Contraloría General del Estado; Órgano de Fiscalización Superior y Congreso Estatal, estos organismos, primero tendrían que realizar las “investigaciones”, ya luego, si se detecta que existió corrupción, pues estas instituciones tienen que presentar las denuncias en la Fiscalía General del Estado para que se giren de las ordenes de aprehensión para arrestar a los “ladrones” del dinero del pueblo. ¿A dónde queremos llegar con el presente comentario? A un solo punto: 1.-Hace algunas horas doña Lorena Martínez Cabrera, directora general del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Coatzacoalcos, es decir, el ITESCO, desde antes de llegar al colegio y ahora que está al frente de él, se la ha pasado “gritando” que Bulmaro Salazar Hernández y varios ex funcionarios del ITESCO, “se fueron con la cochina al monte” con un chingo de millones de pesos. Lo volvemos a repetir, los ciudadanos ya están hasta la “madre” que los funcionarios estatales exhiban los “malos manejos”, solo, en los medios de comunicación, y no vayan más lejos, es decir, que se pongan las denuncias oficiales donde se tienen que poner. La señora Lorena Martínez, “vocifera” por todos lados las “raterías” que en encontró en el ITESCO, pero hay día de hoy no hay una sola denuncia formal contra los “ladrones”. Doña Lorena, no solo debe de apoyarse en sus “investigaciones privadas” con el los “contadores privados” que contrato para que checaran como fue que le dejaron el ITESCO. Si doña Lorena quiere hacer las cosas bien, dentro de la ley, pues lo primero que tendría que solicitar es el apoyo de la Contraloría General del Estado, de Ramón Santos Navarro, para que el hombre mande personal de su organismo para que revise toda la documentación contable del ITESCO. También doña Lorena, le debe de solicitar apoyo al Congreso del Estado, tomando como base que es la Cámara de Diputados de Veracruz quien asigna los presupuestos a las oficinas estatales. Doña Lorena bien podría hablar con Miguel Pintos Guillén, diputado local por Coatzacoalcos y quien es presidente de la Comisión de Vigilancia, para que la ayude a investigar los presuntos desvíos que se cometieron en el tecnológico. El dato duro: 1.-Ya que doña Lorena Martínez Cabrera, anda muy “sácale punta” combatiendo la corrupción que se dio en el ITESCO, hoy le vamos a dar una “pista” sobre personal que actualmente la rodea que le cobró millonarias facturas al tecnológico. Doña Lorena debería solicitar a su personal administrativo que le busquen y entreguen toda la documentación sobre el mantenimiento de los climas y venta de climas. Doña Lorena se va a ir de espaldas cuando se entere quien trae este negocio. También, doña Lorena, deberá de solicitar toda la documentación sobre las facturas que por años cobró una famosa fundación de Coatzacoalcos. Si doña Lorena Martínez va a combatir en forma seria y objetiva la corrupción que se dio en el ITESCO, pues debe de investigar a “todos”. Fin del comunicado. “En esta vida se puede ser cochino, pero nunca trompudo”. (Artículo escrito por Federico Lagunes Peña).
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