Agencias
Municipiosur.com
La mañana del miércoles muy temprano, el reportero se encontró de frente al presunto matricida, José Francisco “N”; ellos se miraron cara a cara en plena vía pública y se le cuestionó si estaba arrepentido; pero no hubo respuesta, no quiso decir nada. Los “judas” se dieron cuenta que ahí estaba parado el periodista y que venía corriendo cámara en ristre, apenas si se alcanzó a preguntar, porque hubo reacción de los Policías Ministeriales. Los detectives lanzaron miradas ásperas e intratables, quizá por el hermetismo con el que se están manejando las investigaciones, ya que tendrían la mirada puesta en otros miembros de la familia. Paco Junior, estaba sentado en la batea de la patrulla de la Fiscalía General del Estado (FGE), cuando levantó la vista, sus ojos tenían una expresión venenosa, su boca formaba un mohín enmarcado por leves arrugas, que se escondían en su barba sucia. Los ojos oscuros de Paco “N” relampagueaban, por lo que a él concierne no habría conversación; su mirada se desvió de los grilletes que oprimían sus manos, para clavarse en la lente de la cámara fotográfica con frío reproche. No se sabe que estuviera pasando por su mente en esos momentos, quizá remordimientos, molestia por no haber podido escapar a la ciudad de México, tal vez arrepentimiento; pero eso sólo él lo sabe. Los “Judas” como se les conoce a los Policías Ministeriales, quemaron llantas al imprimir velocidad de la patrulla, donde tal vez lo llevaban a la jefatura de detectives en Minatitlán, porque lo tienen preso en la cárcel preventiva, ya que mañana jueves vencen las 72 horas reglamentarias para vincularlo a proceso. LA OTRA HISTORIA José Francisco “N” es el primogénito de María del Pilar Pineda López, y su único hijo varón, porque tiene dos hijas más; sin embargo, una hija está detenida por el mismo crimen. Se cree que es por entorpecer las investigaciones, por grabar en vídeo a los policías y a los fiscales, por posible encubrimiento o por facilitar la fallida fuga; no existe una versión oficial. Sin embargo, los detectives continúan con las pesquisas del caso de Pilar Pineda de 54 años de edad, empleada sindicalizada en el departamento de Contaduría de la refinería Pemex- Minatitlán. Donde por cierto, sus compañeros trabajadores petroleros la describieron como una excelente mujer, madre, hija, amiga y compañera de trabajo. Una mujer siempre dispuesta a ayudar a los demás, hasta con lo que no tenía “para ella no había un no se puede” dijo alguien de Pemex. “Todo trataba de resolverlo de la mejor manera” comentó una de sus compañeras de trabajo. Paradójicamente, la recordaron como una buena madre, quien siempre le pedía a Dios por sus hijos, por su familia, quienes eran más que su vida. “Muy alegre siempre, sonriente, aun cuando pasaba dificultades en su vida era muy ocurrente y en todo era única”, dijeron que ahora su silla está vacía en el trabajo y que la extrañan. Pilar Pineda, procreó tres hijos con su esposo Paco, ambos contemporáneos de 54 años de edad. Sus hijos son el varón primogénito y su presunto asesino, además de dos hijas. Quienes los recuerdan dijeron que los dos estudiaron en la escuela primaria Artículo 123 a finales de la década de 1970; en esa escuela estudiaban puro hijo de petroleros. Paco el esposo, es hijo de Don Francisco y Doña Eusebia, y actualmente padece de una enfermedad irreversible que lo dejó postrado. Paco vivía junto a su hijo mayor y su hija menor en el departamento del callejón Fernández, en Minatitlán, Veracruz, porque su otra hija formó su propia familia y se fue del hogar con su esposo. Pilar, tenía su domicilio en la colonia Gravera ya que vivía junto a su mamá y demás hermanos, y si el departamento del callejón Fernández ahora luce abandonado, es porque dijeron sus compañeros de trabajo. Que cuando vivía Pilar ahí, era ella quien le daba vida al hogar, y después de la muerte de sus suegros todos migraron a la ciudad de México, donde vivieron varios años y acababan de volver a la ciudad de Los Flechadores y es a donde quizá intentó escapar su hijo el día que lo detuvieron en la terminal del ADO. En resumen: quienes conocían a la familia y hasta los propios vecinos del centro de la ciudad, explicaron que la suegra de Pilar, era heredera de los locales del callejón Fernández y del local donde está ahora la farmacia. Empero al morir Doña Eusebia, ella, Pilar, se quedó como albacea del heredero Universal que era Paco, su marido, quien desafortunadamente enfermó y dejó todo a cargo de su mujer y quizá eso es lo que peleaba el hijo, cobrar las rentas y quedarse con todo. “Es una historia muy larga y triste; pero ella aun pasando por tanta crueldad de sus hijos, daba la vida por ellos porque decía amarlos tanto” comentó una amiga cercana a Pilar y al final. Pilar sí dio la vida por sus hijos, porque ahora la policía investiga si quizá ellos se la arrancaron. (Con información de Alfredo Estrella).
Be the first to comment