Panificadora Ariadna fundada por don Rafael Jiménez Flores en 1981, en Minatitlán, entre las mejores de México. Se localiza en la colonia “Chapala”

Por Florencia Basulto Nelsón

Municipiosur.com

¡El panadero con el pan!, ¡Calientito, doradito como el sol!. Pregones que salen del alma, frases célebres, poemas, canciones y películas se han dedicado a esta tradición que tiene su origen en el Virreinato y que es alimento indispensable, símbolo de caridad y consuelo para el pobre. “Para un hombre hambriento un trozo de pan es el rostro de Dios” (Mahatma Gandhi). “Un estómago sin pan y una cartera sin oro han provocado muchas revoluciones” (Mehmet Murat ildan). “Si no hay pan que coman pasteles” (María Antonieta). “El pan nuestro de cada día”, es la oración perfecta. Fuera de lo romántico, la panadería mexicana es una industria. Gabriela Mistral escribió: “Pan de mil formatos, tonos y sabores, en ti se condensa el sudor del campesino, el talco y el calor del panadero, y la ambición egoísta del empresario. Fueron los conquistadores quienes trajeron a México el trigo y enseñaron a los indígenas a hacer pan y así nació el famoso Cocol “bien hecho”; el birote o bolillo, el pan de caja y una extensa variedad que coloca a México en el primer lugar como productor de diversas formas y sabores de pan. Por órdenes de Cortés las panaderías enviaban su producción a la plaza pública y en los conventos había hornos para elaborar pan. Para el populus las piezas eran más pequeñas, para pagar con moneda fraccionaria. Cuando el pan comenzó a producirse por panaderías francesas, era solo para la clase alta, la clase baja preparaba el pan en pequeños hornos de piedra. Franceses e italianos realizaron creaciones que se consideran mexicanas: chilindrinas, ojos de Pancha, moños, corbatas, conchas y muchas más. En el “porfiriato” llegaron las famosas pastelerías El Globo y el Molino de tradición francesa. Aún existen en México panaderías de hace un siglo como la del Boleo, en Baja California Sur, cuyo pan es único en todo México. En Minatitlán, en los años 50, eran populares “La Michoacana” del sr. Herrera, “La Flor de Tabasco”, del sr. Torres; la del Sureste, de don Marcelino Rodríguez y las de los chinos. Hoy podemos enorgullecernos de la “Panificadora Ariadna”, fundada en 1981 por el respetable abogado Rafael Jiménez Flores, en un modesto local de la colonia Chapala y que 41 años después es una industria floreciente de nuestra ciudad. Muchas gracias.

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