Radiotelescopios están detectando extrañas señales de galaxias lejanas

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Si nuestros ojos percibieran el espectro de colores de las ondas de radio, seríamos testigos de un espectáculo de luces bastante peculiar cada vez que dirigimos nuestra mirada hacia el cielo: innumerables destellos de luz que cambian de color y desaparecen en fracciones de segundo.

Estos pulsos de luz son conocidos desde hace más de medio siglo por los astrónomos, quienes los han observado y estudiado utilizando radiotelescopios. Sabemos que son generados por una clase especial de estrellas superdensas en nuestra galaxia llamadas púlsares, las cuales se forman cuando estrellas mucho más grandes que nuestro Sol agotan todo su combustible y colapsan bajo su propio peso.

Como si fuera un faro incrustado en el cielo, cada púlsar emite un haz luminoso a través de sus polos magnéticos que nuestros telescopios detectan como pulsos regulares a medida que la estrella gira y dicho haz se alinea con la Tierra.

El cambio de color de los destellos se debe al material galáctico en forma de gas ionizado que se encuentra entre estas estrellas y nosotros, el cual actúa como un prisma que dispersa las ondas de radio. Gracias a la dispersión podemos determinar la cantidad de material en la trayectoria de cada pulso hacia la Tierra. Por esta razón, los púlsares son realmente útiles para estudiar la estructura y composición de la Vía Láctea.

Mucho más reciente es el descubrimiento de que algunos de los destellos de radio que detectamos diariamente desde la Tierra no están asociados a púlsares en nuestro vecindario galáctico. Los astrónomos llamamos a estos misteriosos eventos ráfagas rápidas de radio (FRB, por sus siglas en inglés), y solo sabemos de su existencia desde la primera detección reportada en 2007.

Aunque son morfológicamente similares, la dispersión de los FRB puede llegar a ser enorme comparada con los pulsos generados por púlsares, lo cual implica una gran cantidad de gas en sus trayectorias. Otra diferencia importante es que la gran mayoría de FRB no se repiten.

Ahora sabemos que las ráfagas rápidas de radio provienen de otras galaxias, algunas a miles de millones de años luz de la nuestra. El hecho de que podamos detectarlas desde la Tierra significa que son millones de veces más luminosas que los pulsos de los púlsares conocidos, constituyendo unas de las explosiones más potentes de todo el Universo.

Con información de: El Imparcial

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