Carlos Julián Vera Morales, promesa del ciclismo porteño fue despedido por amigos y familiares. El joven murió luego de chocar con un taxi en Las Barrillas

Por Fluvio César Martínez

Municipiosur.com
Una lluvia de aplausos se escuchó al salir el féretro de Carlos Julián Vera Morales, joven ciclista que falleció el fin de semana en Coatzacoalcos, al sur de Veracruz, tras chocar con un taxi mientras practicaba este deporte. Este lunes 19 de septiembre, Carlos que estaba por cumplir 17 años, realizó su último recorrido por las calles de la ciudad, aunque su destino no era una meta, sino el panteón municipal de donde fue sepultado. Decenas de hombres y mujeres ciclistas arribaron a su domicilio ubicado sobre la calle Aquiles Serdán de la colonia Benito Juárez Norte, pues se organizaron para realizar una rodada que acompañara el joven lleno de sueños. En cada unidad de dos ruedas había globos blancos y grises. La mañana del sábado 17 de septiembre, Carlos conducía su bicicleta en la congregación de Las barrillas, su destino era llegar al muelle de la laguna del Ostión donde se encontraría con sus compañeros del grupo “Clandestinos de Coatzacoalcos”, al que pertenecía desde hace más de un año. Nosotros íbamos al punto de encuentra y el salió antes, porque traía un plan de entrenamiento quería hacer un poco más de kilometraje; ese día íbamos a rodar en la sierra partiendo desde Jicacal”, cuenta Marco Antonio Méndez, líder del grupo de ciclistas. Carlos se impactó con el taxi 4920 de esta ciudad, al no poder frenar y rompió con su cabeza el medallón, provocándole graves heridas; murió al llegar al hospital del IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) presuntamente por una cortadura en el cuello. A pesar de que no se han confirmado como fueron los hechos, se informó que la familia no procederá en contra del taxista involucrado.
UN NIETO AMOROSO
Afuera de su domicilio, Mirna Hernández, abuela de Carlos, observa como su cuerpo dentro del ataúd, es trasladado a la carroza, quiere ocultar su tristeza, pero las lágrimas no pueden dejar de caer en su rostro. “Era un niño muy querido por nosotros, porque era muy respetuoso, fue muy amado y bendecido por Dios”, expresa Mirna. Se cuentan más de quince arreglos florales y coronas de grupos de ciclistas y amigos de la familia, que son subidos a las camionetas, antes de que parta el cortejo fúnebre. Los ciclistas se hidratan y se preparan para salir, aunque el recorrido es corto, el calor es fuerte. “Era muy querido, usted lo puede ver como sus compañeros y amigos están apapachando a la familia, iba a cumplir apenas 17 años el 20 de diciembre, pero desde chico sintió pasión por el ciclismo; yo me quedo con lo más hermoso de él, porque era un gran nieto y hermano”, manifestó la abuela. Carlos era el menor de dos hijos y sus padres también son ciclistas, quienes hoy lloran frente a su caja de madera.
CICLISTAS DICEN ADIÓS
El último recorrido que hizo Carlos comenzó en la avenida Juan Escutia, para luego enfilarse por toda la avenida Independencia hasta llegar al malecón costero del antiguo Puerto México. Finalmente, el cortejo fúnebre subió sobre Tanto los deportistas como sus compañeros de la escuela Miguel Alemán, donde estudiaba la preparatoria, montaron guardias de honor a un costado del féretro.

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