Por Alfredo Santiago
Municipiosur.com
Con lágrimas en los ojos, el jovencito José Eduardo Perdomo de 16 años, contó que más personas podrían haberse salvado si el lanchero hubiera permitido que utilizaran los chalecos salvavidas que llevaba en la lancha. Bajo el argumento de que los chalecos llamaban mucho la atención a la distancia y que el viaje era seguro, pues navegarían siempre muy cerca de la costa, el lanchero se negó a dejarles usar los salvavidas naranjas y amarrillos que tenía en su embarcación. “Desgraciado, ojalá sea el primero que se haya muerto, por su culpa mi tía y mi sobrino están muertos, un bebito de tan solo tres años de edad y ella una mujer que estaba embarazada”, dijo el joven frente a los servicios de emergencia que lo atendían a pocos minutos de haber sido rescatado de las aguas del Golfo de México. Los mismos sobrevivientes señalaron que la lancha se trasladaba muy rápido y era golpeada por las olas en el costado derecho, pues al estar cerca de la playa el oleaje era mucho más fuerte al intentar romper sobre la costa. El primero en caer fue el lanchero, coincidieron los cuatro sobrevivientes, después de eso la embarcación quedó a la deriva y zozobró, mientras el grupo de migrantes caía al agua, junto al cruel destino que les esperaba a todos ellos, pues este accidente le costó la vida a siete personas y se la cambió para siempre a cuatro más.
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