Por Liliana Corona Sayune
Municipiosur.com
Pasaron 12 días de manifestación continuar de Francisco Artigas, un trabajador transitorio de la sección 11 del Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros, quien desde hace varios meses quiso hacer un reclamo a nombre de todos sus compañeros petroleros que corren la misma suerte: no tienen trabajo.
“Garra”, cómo se le conoce en redes sociales al petrolero que tiene su centro laboral en el complejo Cangrejera, inició su lucha, quitándose la ropa afuera de la sección sindical más grande del país para poder llamar la atención de los líderes sindicales, a quienes de primera mano pidió su respaldo para exigir a Petróleos Mexicanos oportunidades de trabajo tan urgentes para los transitorios, pero también expuso el grave problema que representa la cancelación y/o candadeo de las plazas que afecta también a los trabajadores de planta.
A Francisco se le solidarizaron algunos petroleros que corren la misma suerte que él, y a pesar de las grandes críticas recibidas, sobre todo de quienes buscan “quedar bien” con sus dirigentes sindicales, la intención no se demérito.
Gracias a ese movimiento, cientos de petroleros transitorios obtuvieron despensas que dicho está de más, fueron compradas con el dinero de las cuotas sindicales que aportan los trabajadores de planta y eventuales.
Esto, bajo la presión que ejerció el movimiento pues desde el inicio de la pandemia COVID-19, el gremio se vio seriamente afectado y los meses corrían sin tener un solo contrato.
Pero también la sociedad civil volteó a ver el movimiento, y acudieron al llamado de donación de víveres.
Nuevamente a pesar de las críticas, cientos de petroleros alivianarnos un poco su situación.
Así, acudieron a la Ciudad de México a dejar documentos, viajaron a Chiapas para hablar con el mismísimo Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y a través de un oficio le pidieron que revisara lo que pasaba en el sur del país.
Pero las respuestas cada vez eran menos a sus demandas, hasta que un día, Francisco decidió ponerse en huelga de hambre afuera de su sindicato petrolero.
Las peticiones fueron claras: Trabajo, no cancelación de las plazas y la renuncia del líder sindical, Ramón Hernández Toledo.
“Aquí me voy a morir”, dijo en la primera noche de huelga.
En cambio, recibió una serie de críticas, mofas, insultos y ofensas de personas de la comunidad, de petroleros que muchas veces se han visto beneficiados por el sistema sindical e incluso por personas que jamás han emprendido una lucha social; solo algunos compañeros que le acompañaron hasta el último momento en que la calle Hidalgo, en pleno centro de Nanchital, fue su morada: con sol y con lluvia ahí permanecieron.
Hubo quienes en actos de empatía ofrecieron monedas y nunca faltó la palabra de aliento.
Si eran las formas o no, este movimiento puso nuevamente al descubierto el servilismo, la indolencia y el valemadrismo que rige en el sistema petrolero.
Podrán tachar a Francisco de ridículo y toda clase de calificativos con los que lo tildaron, pero nadie que haya luchado antes por una causa podrá decir que estuvo mal.
Su lucha valió la pena, lástima que sus acciones no hayan sido valoradas por todos los de su gremio.
Y esta lucha, tendrá réplicas futuras, ante la eminente falta de sensibilidad y empatía del STPRM que en Nanchital, a través de la sección 11, ha dado muestra lo que le importan sus representados.
Pd1. El problema de las plazas y la falta de contratos sigue permanente, y ahora, ¿quién levantará la voz?.
Seguramente permanecerán en silencio, así se rige el sistema petrolero.
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