El General Cienfuegos y el juicio sumario presidencial

Héctor Yunes Landa
Articulista Invitado

El viernes pasado, durante la conmemoración del 110 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, el discurso del secretario de la Defensa Nacional, general Cresencio Sandoval, tuvo en todo momento un tono de reivindicación a su antecesor, el también general Salvador Cienfuegos, y de desagravio para las Fuerzas Armadas que ambos representan.

Fue un mensaje a la tropa pero también al Jefe Máximo de las Fuerzas Armadas, el Presidente de la República. “El camino que se recorre en la carrera militar es recto y no admite desviaciones de ningún tipo; cada uno con su correcto actuar se va formando su propio destino. La dignidad personal, el conocimiento cabal de los deberes, es lo que conduce al soldado, marino o guardia nacional a actuar con honradez, probidad e integridad.”

El retiro de los cargos en contra del general Salvador Cienfuegos no fue un triunfo de la de diplomacia sino de la justicia. Jamás el país más poderoso del mundo ha antepuesto sus relaciones internacionales a su seguridad nacional. Si la Fiscalía de Estados Unidos desestimó los cargos es porque no tenía elementos para mantenerlo detenido.

El regreso a México del General Salvador Cienfuegos, en calidad de un ciudadano libre, fue el afortunado colofón a una infamia en contra de un militar que ejerció el más alto rango de nuestro Ejército mexicano. Pocos años atrás, precisamente por su ejemplar desempeño como Secretario de la Defensa Nacional de nuestro país, fue condecorado por el propio gobierno de los Estados Unidos.

Este episodio provocó las más diversas opiniones entre quienes tuvimos la fortuna de compartir trabajo y responsabilidades con el General Cienfuegos. Los testimonios sólo confirman la trayectoria ejemplar de quien ha sido considerado uno de los hombres más respetado y reconocidos de nuestras fuerzas armadas.

Es de particular relevancia la opinión del ex Procurador General de la Republica, Lic. Ignacio Morales Lechuga, quien considera que la detención del ex Secretario de la Defensa fue una acción intimidatoria del gobierno americano y hasta de pirotecnia mediática, más que de justicia penal, lo que sería a una especie de venganza interinstitucional de la DEA contra el Ejército Mexicano. Como también lo señala el brillante notario público -en mi opinión, el abogado más reconocido del país-, las investigaciones de las autoridades estadounidenses en territorio nacional al ex secretario de la Defensa violaron los acuerdos de cooperación firmados entre los dos países en 1992.

Coincido también con el ex canciller Jorge G. Castañeda, quien afirma que las apariencias sugieren que todo se trató en el estrecho ámbito de la DEA, sin injerencia alguna del Departamento de Estado, del Consejo de Seguridad Nacional, del Pentágono o del Departamento de Seguridad Nacional. Eso explicaría por qué es señalado sin pruebas por los primeros y condecorado con honores por los segundos.

Cito también la opinión de mi amigo, compañero diputado federal y presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, mi General Benito Medina quien al igual que yo, no tuvo que aguardar hasta la liberación del General Cienfuegos para expresar: “siempre tuve el conocimiento, por mis compañeros y por mi misma carrera, de que la trayectoria intachable del ex secretario Cienfuegos se basó siempre en el honor, en el espíritu de cuerpo a sus compañeros, y el patriotismo que le tiene a México”. En efecto, como él señala, el General Cienfuegos, no tiene porqué limpiar su nombre porque no hubo pruebas fehacientes que lo inculparan.

En el mismo tenor, el gobernador de Durango, José Rosas Aispuro coincide en la opinión de muchos mexicanos: la detención fue injusta, se hizo sin elementos sólidos para ello; se quiso manchar el nombre de una persona que ha mantenido una conducta recta y desde luego que representa a lo que es nuestro ejército mexicano, yo estoy seguro que la verdad habrá de llegar.

Sin embargo, en la historia del país y de sus fuerzas armadas quedarán las palabras del Presidente López Obrador: “No es lo mismo la conducta del General secretario Cienfuegos que una institución como la Secretaría de la Defensa. La detención de Salvador Cienfuegos es muestra de la decadencia del régimen que, afortunadamente, ya está por acabarse. No era un narco Estado, pero sí un narco gobierno”.

Y agregó: “No tiene que haber impunidad, porque es un delito grave (del qué se le acusa), y si hay otros involucrados, si están todavía en activo los oficiales, tienen que ser retirados de sus cargos y sometidos a juicios para que se cumpla con la ley”.

Hoy Salvador Cienfuegos es un ciudadano libre y un orgullo de las fuerzas armadas.

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