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En la península de Yucatán, en México, fueron encontradas unas cuevas subacuáticas de 12.000 años siendo hasta ahora las más antiguas de América. Los vestigios de minas eran de ocre rojo.
Las minas más antiguas del continente americano fueron encontradas en cuevas subacuáticas en Yucatán, México. Los vestigios de minas, de 12.000 años, eran de ocre rojo, un pigmento utilizado desde hace miles de años por los humanos para pintar o en algunas prácticas funerarias. Para algunos expertos, este material es considerado como una herramienta clave en el desarrollo del pensamiento simbólico.
Los hallazgos, publicados en la en la revista Science Advances, fueron de un equipo de buceadores y científicos de México, EE UU y Canadá, tras más de 600 horas de buceo por kilómetros de cuevas en el sureste mexicano. Durante el trabajo de campo, los buceadores de CINDAQ encontraron que el entorno subterráneo había sido alterado de forma no natural. Determinaron que otras personas habitaron esos espacios hace más de 10.000 años.
Por medio de más de 20.000 imágenes y muestras recolectadas reconstruyeron con ayuda del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) los sucesos de hace milenios en estas cavernas, que están a 10 kilómetros tierra adentro de las playas del Caribe mexicano, en el estado de Quintana Roo. Uno de sus principales objetivos era determinar el significado del lugar.
El CINDAQ, por medio de un comunicado, señaló que gracias a la recolección de todo el material “se revelaron por primera vez sitios mineros notablemente preservados que incluyen camas de extracción, hoyos, herramientas de excavación, escombros destrozados que se acumularon por el esfuerzo humano, marcadores de navegación y fogatas. Uno de los tesoros que estaba oculto en la mina y dos cuevas era una fuente de ocre rojo. (Puede leer: El ADN de los Manuscritos del Mar Muerto desvela algunos de sus secretos)
Brandi MacDonald, investigadora de la Universidad de Misuri y coautora del estudio, explicó en Science que “podemos asumir que la actividad minera, que se mantuvo durante 2.000 años, era una actividad intergeneracional, con una transmisión de conocimiento entre los grupos que entraban y salían de la región. Encontramos evidencias de prospección de ocre en al menos tres cuevas, podemos decir que no se trataba de una actividad aislada sino que tendría, probablemente, una escala regional”.
Con información de: El Espectador