La evolución a la inversa

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Las hormigas soldado de las hormigas tortuga parecen criaturas de la vida real sacadas de una película de anime japonesa. Estos insectos que viven en los árboles van de un lado a otro con sus brillantes y adorables cabezas de gran tamaño, que usan para bloquear las entradas de sus nidos, esencialmente actuando como puertas vivas.

No todas las cabezas tienen la misma forma: algunas hormigas soldado tienen unas que se parecen a tapas de alcantarillas y sellan perfectamente las entradas de los túneles. Otras tienen cabezas cuadradas, que ensamblan en bloqueos de varios miembros que recuerdan a los escudos superpuestos de un ejército espartano. Esta variedad en las formas de las cabezas revela más que solo otra de las peculiaridades de la naturaleza: también puede arrojar luz sobre cómo las especies evolucionan para llenar nichos ecológicos. Y esa evolución, según muestran las nuevas investigaciones publicadas en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, no siempre es una calle de un solo sentido hacia una creciente especialización. Ocasionalmente, puede llevar a una especie a una etapa más generalista.

«Por lo general, uno pensaría que una vez que una especie se especializa, se queda atascada en ese nicho muy estrecho», dice Daniel Kronauer, jefe del Laboratorio de Evolución Social y Comportamiento de Rockefeller. «Pero las hormigas tortuga son un caso interesante de una trayectoria evolutiva muy dinámica, con muchas idas y venidas».

Como muchos otros insectos sociales que viven en colonias, las hormigas tortuga se especializan en diferentes funciones, a menudo evolucionando características exageradas adecuadas a su trabajo. Para las soldado, este proceso ha resultado en grandes cabezas que vienen en una variedad de formas.

Con información de: Noticias de la Ciencia