Lo que no hay

En Pocas Palabras
Por Maria Elvira Santamaria
¿Qué tal? ¿Cómo sobrellevan este extraño tiempo de restricciones en nuestro diario vivir? Creo que la mayoría de nosotros supusimos en un principio que esta epidemia nos encerraría unas dos o tres semanas, no más. Que sería una experiencia extraordinaria pero no una amenaza letal. Que eso estaba pasando muy lejos de nuestro lugar y que era francamente remoto que nos alcanzara.
Se estaban enfermando en China, luego en Irán, luego en Japón, luego en Corea. Ah caray, empezamos a darnos cuenta que no era algo que se circunscribía a una región o a un país. Luego conocimos la escalofriante invasion del nuevo coronavirus en Italia con sus más de doce mil muertos y la explosión de la enfermedad en España donde ha cobrado la vida de más de ocho mil personas.
Y de repente comprendimos que la amenaza estaba al otro lado de la puerta, golpeando insistentemente, multiplicando exponencialmente los enfermos en nuestro vecino del norte, el rico y poderoso Estados Unidos de Norteamérica, que ahora agobiado por decenas de miles de contagiados, a los que hay que proveer de camas y de respiradores artificiales, improvisa hospitales en canchas y parques como Central Park de Nueva York para darles cabida y se da cuenta de que perdió tiempo valioso para prevenir y contener el mal que lo invade.
Entonces, en México todavía aferrados a las estampitas, pero con la realidad sobre sus cabezas, -aunque dudo que sea sobre su sentido de responsabilidad-, nuestros líderes clamaron: «Quédense en casa». Al principio la medida fue una especie de «sugerencia»; días después hicieron el llamado con el tono de «urgente»; 48 horas más tarde le dieron el carácter de «drástico» y apenas el lunes pasado declararon la Emergencia Sanitaria por Causa de Fuerza Mayor.
Una emergencia sanitaria coja, con supuestamente 121 mil camas disponibles para enfermos del coronavirus; (¿les creemos, cuando hay clínicas donde carecen hasta de gel antibacterial y ya hay médicos muertos?) sin el acompañamiento de las decisiones económicas que resguarden la capacidad de supervivencia de los millones de personas que a partir del 31 de marzo e incluso desde antes, han dejado de trabajar, han dejado de vender, de dar servicios, de tener abiertos y con clientes sus puestos, establecimientos, fábricas, talleres, escuelas, etc. Y cuyos empleados han sido despachados a sus casas sin saber a ciencia cierta si contarán con algún ingreso, porque los negocios de sus patrones no pueden mantenerse de la nada y -cierto-, habrá empresas que tengan capital para seguirles pagando, pero la gran mayoría no, aunque quieran; y ya sabemos que el hilo, siempre se rompe por lo más delgado.
El presidente Andrés López Obrador ha anunciado que el próximo domingo dará a conocer las medidas económicas que tomará su gobierno ante esta crisis. ¿Hasta el domingo? ¿Por qué? Estamos en una emergencia sanitaria no en una campaña política. Se está pidiendo suspensión por un mes de la actividad pública, privada y social no esencial de todo el país. Esto no admite demoras, hay que darle confianza a la población y el presidente tiene el micrófono todas las mañanas incluso para advertirnos como lo hizo el martes, sobre el pecado social que, dijo está consignado en la Biblia.
Mas bien, considero -y esto reconozco que es una apreciación subjetiva- que ese plan económico todavía lo están afinando, están empatando aquí y remendando acá y que el haber retardado lo más posible su anuncio es porque, en el fondo de todo esto, lo que no hay es…. dinero.
Antes de despedirme quiero hacer mención de la tristeza e indignacion, por el asesinato de la periodista María Elena Ferral el pasado lunes en Papantla, Veracruz. Gobernador Cuitláhuac, no conceda más impunidad al crimen en nuestro estado.
Hasta pronto.