El primer vuelo supersónico

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El primer vuelo supersónico de la historia se llevó a cabo el 14 de octubre de 1947. Con aquella hazaña tecnológica y personal, de la que en 2017 se cumplieron 70 años, se comprobó de manera definitiva que un avión podía viajar más rápido que el sonido y que rebasar la velocidad de este, o sea, traspasar la barrera del sonido, no acarreaba de manera inexorable la destrucción de la aeronave por las fuerzas físicas que intervienen en ese crucial momento en que un vehículo adelanta al propio sonido que emite.

La noción de que el sonido se propaga a una velocidad finita por el aire y que esta se puede medir ya estaba clara varios siglos atrás. Contemplar desde una distancia conocida el disparo de un cañón permitía a un observador apreciar un retardo del estampido con respecto al fogonazo. De este modo, mucho antes del inicio de la aviación se llegó a calcular con bastante precisión la velocidad del sonido. Esta es de unos 340 metros por segundo a nivel del mar, aunque varía dependiendo de la densidad del aire y de otros parámetros.

En los primeros años de la aviación, las velocidades de estas aeronaves eran demasiado bajas para plantearse seriamente la posibilidad de viajar más deprisa que el sonido. Sin embargo, el progreso tecnológico y la labor de algunos teóricos no tardaron en convertir la cuestión en un desafío que se podía intentar vencer. La principal preocupación no era si se conseguiría volar tan rápido sino si el avión resistiría un vuelo supersónico sin desmenuzarse en pleno aire. La barrera del sonido, al parecer llamada así por vez primera en 1935 por W. F. Hilton, un experto británico en aerodinámica, constituye una barrera en un sentido bastante literal. Así quedó claro con todos los aviones que se aproximaron a esa velocidad antes de 1947. Cuanto más cerca estaban de ella, más aumentaba la resistencia aerodinámica al avance por el aire y mayor era la intensidad de otros efectos peligrosos.

Todo parecía apuntar a que la tensión estructural, la alta temperatura por el roce con el aire y la inestabilidad que sufriría el avión al atravesar la barrera del sonido lo destrozarían o por lo menos provocarían su caída e impacto. Se trabajó en nuevos diseños para conseguir aviones capaces de eludir esa amenaza, y así surgió en Estados Unidos el avión experimental Bell X-1. Se dice que sus diseñadores se inspiraron en la forma de una bala del calibre 50 para la del fuselaje del avión, al tener en cuenta que solo las balas de ciertas armas volaban rutinariamente a velocidad supersónica durante una parte de su trayecto y que por tanto eran esencialmente los únicos dispositivos supersónicos fiables conocidos.

Con información de: Noticias de la Ciencia