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El sector de los videojuegos está avanzando a pasos agigantados. Sin duda, nuevas tecnologías que se están desarrollando van a ayudar a impulsar el mundillo y a hacerlo más accesible, más disfrutable y más rápido. Ya no se trata solo de nuevas consolas, como las esperadas PS5 o la nueva Xbox que saldrán este año, sino de avances que van a aumentar la capacidad de los usuarios para jugar y que van a convertir el gaming en una verdadera experiencia.
Una de las tendencias más importantes será el paso que se dará para hacer los videojuegos más accesibles a usuarios con diversidad funcional, gracias al diseño dinámico de los videojuegos. Se trata nada más y nada menos que de un billón de personas en el mundo que se encuentran en esta situación, en la que quizá los videojuegos normativos quedan lejos de sus capacidades.
Próximamente, la tecnología de estos se basará en modelos predictivos y adaptativos en los que se utilizarán variables psicológicas, sociológicas o biométricas para adaptar los videojuegos en tiempo real a las capacidades del jugador.
Por ejemplo, los videojuegos serán capaces de detectar el daltonismo de un usuario y sustituir los colores que este confunde por colores más accesibles. O también, ajustar la dificultad del juego para que puedan disfrutar usuarios con capacidades diferentes (cuando les cuesta superar una fase concreta del juego, por ejemplo).
Aunque ahora llegará con más fuerza, esta tendencia ya se ha ido desarrollando años atrás. Por ejemplo, Xbox lanzó el pasado año el ‘Xbox Adaptative Controller’, un dispositivo que se adapta fácilmente a las necesidades de personas con alguna discapacidad.
«Un videojuego más adaptado genera un usuario más satisfecho. El objetivo de un diseñador de videojuegos es generar una experiencia memorable y, gracias a la evidencia empírico-científica, conocemos que una experiencia más personalizada y única genera mayor aceptación y compromiso en los usuarios», explica Héctor Puente, profesor universitario, doctor en videojuegos y autor del informe de Garaje de Ideas.
Con información de: El Economista