Cómo acabará la Tierra: la supernova asesina

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Ya sabemos que en el Universo se producen fenómenos altamente energéticos, como las supernovas, incompatibles con la vida. Permanecer cerca de ellos significa la muerte segura. Por fortuna, se trata de acontecimientos que se dan de una forma infrecuente, y dadas las dimensiones del Universo, habitualmente muy lejos de nosotros.

Un enorme agujero negro supermasivo, feroz morador del centro de una galaxia, resulta muy peligroso para la población de estrellas que se encuentra cerca de él. No debe extrañarnos pues que la vida haya aparecido en la Tierra gracias a que está situada en una región bastante alejada del núcleo galáctico, en uno de los brazos espirales de la Vía Láctea. Por suerte, un devorador como nuestro agujero negro galáctico es un objeto único, que debe existir solo una vez en cada galaxia, y puede que no en todas.

En cambio, hay otros fenómenos que pueden estar presentes en el escenario cósmico de una manera mucho más frecuente, simplemente porque son frutos de mecanismos habituales, que suceden de forma periódica. Es el caso de las supernovas.

Cuando una estrella algo más masiva que el Sol llega al final de sus días, muere con una espantosa explosión que llamamos con ese nombre. En el proceso, lanza sus capas exteriores hacia el espacio, dejando atrás tan solo un núcleo de neutrones altamente comprimidos.

El citado estallido supone una de las emisiones de energía más potentes conocidas en el Universo. Durante algunos días, una supernova puede brillar tanto como lo haría una galaxia entera compuesta por miles de millones de estrellas, y ser contemplada, incluso a simple vista, cuando anteriormente pasaba totalmente desapercibida (de aquí su nombre: súper estrella nueva”).

Pues bien, en realidad, la radiación visible que llega hasta nosotros de uno de estos acontecimientos corresponde a apenas un 1 por ciento de la energía total desprendida. El resto viaja en forma de neutrinos.

Los neutrinos no son peligrosos. Apenas interaccionan con la materia, de manera que la atraviesan sin dificultades. En estos momentos, el lector está siendo atravesado por muchos de ellos procedentes tanto de su fábrica más cercana, el Sol, como de otros astros mucho más alejados.

Sin embargo, además de la luz y los neutrinos, una supernova puede generar partículas de alta energía, que ya sabemos que pueden ser letales para la vida en función de la dosis y de la cercanía del evento, y sobre todo, rayos gamma, la forma más terrible de radiación.

Con información de: Noticias de la Ciencia