¿Cuándo reaccionaremos?

Por María Elvira Santamaría Hernández

En Pocas Palabras

Estamos envueltos en tantas noticias, en tantos y tan variados acontecimientos, que estas primeras semanas del año se han ido volando. Curiosamente todo y nada nos afecta. Escuchamos y comentamos noticias que nos revelan crueldades inconcebibles o maravillas impresionantes y tras dos palabras de horror o de asombro pasamos al siguiente asunto.
Al parecer hemos blindado nuestros sentimientos de solidaridad, y hemos reducido sus efectos a nuestro núcleo familiar y si acaso, a lo que pueda pasar al vecino o a lo que ocurra en la cuadra. Se entiende que reaccionemos así porque es como una forma de defensa. Pero el ser refractarios a lo que pasa afuera, es también muy peligroso y además egoísta.
Parece que lo único capaz de sacudirnos y recordarnos que lo que sucede al lado puede también sucedernos a nosotros, es el miedo. El miedo nos unifica por momentos, nos hace percibir las amenazas y querer actuar.
Pero aún así, no alcanzamos a poseer suficiente empatía, por ejemplo, con los ciudadanos de nuestra comunidad para trabajar unidos por una meta, y esa debilidad lo mismo la advierten las autoridades, que la delincuencia; esa dispersión de opiniones, de actitudes, de decisiones que impiden la fortaleza de lo que queremos, de nuestros esfuerzos por avanzar, es lo que está perjudicándonos.
¿Qué es lo que se necesita? Se requiere que los habitantes de cada lugar tengamos algo que hemos relegado: la solidaridad social. La capacidad de respaldar lo bueno, lo verdadero, lo importante, lo legal y lo justo. La capacidad de rechazar con toda energía lo malo, lo falso, lo frívolo, lo ilegal y lo injusto.
Por eso pareciera que damos vueltas en círculo y no vencemos a los que nos están arrebatando la tranquilidad, el derecho al trabajo, a la salud, al esparcimiento y al libre tránsito por nuestras calles.
Ojalá salgamos de esa posición de miedosa indiferencia y nos unamos, población y autoridades, cada uno desde su responsabilidad -y sobre todo el gobierno-, a realizar con solidaridad, lo necesario para recuperar nuestras ciudades.