Las grandes ciudades como nuevos laboratorios

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Edward Glaeser, autor del libro El triunfo de las ciudades, describe bien cómo en EE. UU. un aumento en un 10% de la población adulta con licenciaturas obtenidas en 1980 permitía pronosticar un 6% más de crecimiento de los ingresos entre 1980 y 2000. A medida que la proporción de la población mejora su nivel de educación, aumenta igualmente su desarrollo económico. El vínculo entre formación y productividad urbana se ha ido haciendo cada vez más marcado desde la década de 1970.

Eso es especialmente relevante en la nueva sociedad digital. Los cambios tecnológicos y científicos transforman económica, social, política y culturalmente nuestra sociedad. Vivimos en un mundo acelerado, hiperconectado y digital en el que no hay ninguna faceta de nuestras vidas que no haya sido afectada por la disrupción tecnológica. La llegada de Internet, las redes sociales, los teléfonos móviles y las nuevas tecnologías de comunicación están revolucionando para siempre la manera de relacionarnos, de organizarnos, de movilizarnos, de gobernarnos, de informarnos e incluso de manipularnos. Un nuevo paradigma que no está exento, sin embargo, de nuevos riesgos. Un tiempo VUCA (acrónimo en inglés de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) que requiere diseñar igualmente nuevas coherencias y establecer los límites y las formas de la nueva economía digital.

El laboratorio de innovación que son las ciudades nos presenta un escenario de inimaginables oportunidades si, como nos indica José María Lassalle, mantenemos la centralidad de lo humano en el desarrollo de las smart cities. Sin un sentido del humanismo tecnológico que permee las políticas públicas y garantice un desarrollo tecnológico cívico y ético, nos asomamos a una revolución tecnológica en negativo para las personas.
Con información de: El País