Conflictos, porque ninguno respeta la ley

Por Arturo Reyes Isidoro

Prosa aprisa

Es lamentable el escándalo mediático, que distrae la atención de los problemas de fondo que padece el Estado y a cuya solución debieran estar dedicadas, día y noche, las autoridades de los tres niveles.

Nadie repara en que la confrontación abierta como la que se traen ahora morenos y panistas tiene su origen en la falta del respeto a la ley. Así, el toma y daca ha derivado en actos políticos de venganza a los que no se les ve fin.

Al final, como comenté fechas atrás, no hay buenos ni malos sino solo personas diferentes pero que como políticos o en el ejercicio del poder actúan igual. Son lo mismo y nadie repara en imponer el orden dirimiendo las diferencias o agravios por la vía legal.

En el actual conflicto de los gobiernos de Morena (federal y estatal) con el exgobernador Miguel Ángel Yunes Linares y su grupo, fueron estos quienes dieron motivo a la persecución que ahora padecen porque como gobernantes atropellaron los derechos de quienes ahora están en el poder.

Todavía se recuerda cuando el gobierno yunista y su grupo legislativo en el Congreso local, entonces mayoritario, desconoció acuerdos y con chicanas se apoderó de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) del Congreso, cuando lo que procedía era que la rotaran con diputados de Morena y del PRI.

Los morenos, que eran la segunda fuerza política, trataron de hacer valer su derecho pero el yunismo pasó por sobre ellos. Aguantaron vara entonces y el tiempo les ha dado ocasión, tal vez más pronto de lo que se esperaban, de desquitarse, de ajustar cuentas y tomar venganza.

AMLO, más altura política que Yunes

Pero hay que reconocer que independientemente de la confrontación local, a inicios de mes el presidente Andrés Manuel López Obrador mostró más altura política que Yunes no obstante ser el depositario del máximo poder político de la nación.

Según mi juicio, AMLO dio un paso prometedor, hacia adelante, en la consolidación de la democracia en México. De las cosas buenas de su mandato.

Hizo lo que en su momento se negó a ordenar Miguel Ángel: respetar el orden, la ley y los acuerdos políticos.

El 7 de agosto la oposición en el Congreso federal había rechazado una iniciativa de la diputada Dolores Padierna para extender a tres años el control de Morena de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, aprovechando que son mayoría, un pretendido agandalle como el que había cometido Yunes en Veracruz.

Aparte del presidente López Obrador, Mario Delgado, coordinador de la bancada de Morena, se opuso y se pronunció por respetar la ley y los acuerdos establecidos con los otros partidos para rotar la presidencia de la Mesa Directiva.

El intento de agandalle complació, por supuesto, al entonces presidente de la directiva, Porfirio Muñoz Ledo, quien el 22 de agosto había afirmado que existía “amplio consenso” para que se siguiera de largo por los tres años al frente de la 64 Legislatura.

Más tarde, el 3 de septiembre Mario Delgado ya había cambiado su postura y apoyó una iniciativa de la bancada de su partido para quedarse año y medio en la Mesa Directiva y dejar el otro año y medio para los demás partidos, lo que el PAN consideró un golpe de Estado.

Muñoz Ledo entró en razón y dio una lección

Ante el conflicto que amenazaba con una crisis constitucional, finalmente Muñoz Ledo renunció a su pretensión de reelegirse reconociendo que la reforma que pretendía su partido podía llevar a esa crisis.

«Toda mi vida he pensado que la principal virtud de un político es la congruencia, también que se puede tener el poder y no pasar a la historia, y se puede pasar a la historia sin tener el poder», dijo en un mensaje, lo que le valió una ovación.

Ante ello, el 4 de septiembre Morena desistió del agandalle congelando su Iniciativa de reforma, pero sin duda fueron determinantes las palabras que antes había expresado AMLO en su conferencia mañanera.

Porque fue un mensaje que deben entender y atender los gobernadores y los congresos locales, y los ciudadanos exigir que se cumpla, reproduzco partes sustanciales de lo que dijo el presidente.

“… yo creo que la transformación de México pasa por el estricto apego a la legalidad, es decir, que se acabe con la simulación, esa máxima que viene desde la época de Porfirio Díaz, de que la ley se respeta en la forma para violarse en el fondo. Nadie puede estar por encima de la ley, al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie.

“… celebro, aunque corresponda a otro poder, el que se haya resuelto respetar la ley en el caso del Poder Legislativo; es decir, que no se haya modificado la ley orgánica en el Poder Legislativo, porque eso no debe de permitirse.

“… no se debe de modificar la ley en función de intereses personales o de grupos. No se puede retorcer la ley, no se puede hacer la ley a la medida, independientemente de dónde suceda.

Se tiene que acabar con la simulación. Tenemos que establecer un auténtico Estado de derecho, no lo que viene imponiéndose de tiempo atrás, desde hace siglos, es un Estado de chueco, no de derecho, un Estado de cohecho. Toda una simulación.

“… imagínense si nosotros, que estamos planteando una transformación, permitimos eso, o un partido que porque tiene mayoría puede aprovechar para modificar una ley en beneficio personal, en beneficio de grupo, en beneficio de una facción, pues eso es retroceso.

El agandalle “era una vergüenza”

“Yo celebro que esto se haya resuelto bien. Yo no podía meterme, pero era una vergüenza.

“… espero que se actúe igual en todos los casos, en todos los casos, y además que se dé el ejemplo, el buen ejemplo. No somos iguales, es que eso es lo que quisieran los conservadores, porque eso es lo que ellos han hecho todo el tiempo, y quisieran decir: ‘Ahí está, son lo mismo’, entonces, no. No llegamos aquí para hacer más de lo mismo, llegamos aquí para transformar”.

Su actitud fue un golpe con guante blanco a Yunes y al todavía coordinador de la bancada panista en el Congreso local, Sergio Hernández, pues ellos faltaron a su palabra al no respetar acuerdos y torcieron la ley para beneficio de su grupo político. Hoy sufren las consecuencias.

Hay agravios pero por el bien de Veracruz y de los veracruzanos debieran buscar el entendimiento, sacar ambos la bandera blanca, conjuntar esfuerzos y atacar los graves problemas que se padecen.

Y llevar a la práctica el mensaje de López Obrador, esto en el caso de los morenos que ahora tienen mayoría en el Congreso local porque de que han cometido también atropellos legales, sin duda alguna.

La carnicería mediática no debe, no puede seguir. La violencia comienza con ellos.