Los científicos han podido estudiar con detalle la atmósfera de un mundo rocoso, el exoplaneta LHS 3844b, situado a 39 años luz de la Tierra
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Agencias
Hoy por hoy, solo estamos seguros de que la vida existe en un sitio: la Tierra. Nuestro planeta es un mundo rocoso capaz de sostener una atmósfera considerable, agua en superficie y un campo magnético protector, sin llegar a tener una gravedad aplastante. Además, el Sol está tranquilo y no recalienta demasiado el clima, tal como sí que ha ocurrido en Venus. Sin embargo, ahí fuera no es tan fácil encontrar unas condiciones similares: la mayoría de los planetas rocosos son supertierras, mundos más masivos que nuestro planeta, y la mayoría de las estrellas no son amarillas, como el Sol, sino rojas, enanas y explosivas. Entonces, ¿hasta qué punto debemos esperar encontrar mundos habitables, es decir, que puedan tener agua en superficie?
Lo sabremos en los próximos años. Por una parte se descubrirán miles de nuevos mundos y por otra los telescopios podrán analizar las atmósferas de exoplanetas tan pequeños como la Tierra (de momento alrededor de estrellas enanas rojas, no en estrellas como el Sol).
Mientras llega ese momento, los astrónomos acaban de analizar con detalle la atmósfera de una supertierra, por primera vez. En un estudio publicado en Nature , científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Harvard (EEUU) han mostrado que el exoplaneta LHS 3844b, a 49 años luz de distancia, no tiene rastro de una capa gaseosa. El hallazgo sugiere que uno de los tipos de planetas rocosos más frecuentes, las supertierras, situadas en las estrellas más abundantes, las enanas rojas, son incompatibles con la existencia de atmósferas ni serían habitables.
«Básicamente, hemos descubierto un planeta caliente que no tiene gases a su alrededor», ha dicho en un comunicado Daniel Koll, investigador del MIT y primer autor del estudio. Lo relevante es que «esta es la primera vez que hemos aprendido algo detallado sobre la atmósfera de un planeta rocoso alrededor de una enana roja». Hasta ahora, esto se había logrado con planetas mayores, más similares a Júpiter.