MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES

Por Gabriel García-Márquez

El jueves pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador junto con el titular de la Sagarpa, Víctor Villalobos, dio a conocer los alcances de los programas prioritarios en materia de agricultura, ganadería y pesca. Una de las frases que más sonó en la presentación fue: “Es justicia que coman los que nos dan de comer”.

Estos programas se han reducido de más de 100 que había anteriormente a solamente 20 con la idea, según palabras del propio presidente, de que sean pocos programas, pero mejores y que le lleguen a más gente. La idea es compactar, no dispersar, no tener muchos programas sin el alcance suficiente.

Aun cuando no son tantos los productores beneficiados, pues hablan de 2 millones de pequeños productores en el país, lo más destacado es que ahora también se beneficiará a productores de café y caña.

En realidad, son muy pocos los productores que se están beneficiando; sin embargo, han anunciado que a medida que tengan más recursos se podrá ampliar el número de beneficiados.

Estos programas están dirigidos a impulsar mediante apoyos directos la producción de leche, ganado, pesca, acuacultura y granos básicos como maíz, arroz, trigo harinero y frijol. Se incentivará la producción de granos básicos estableciendo precios de garantía, que incidan en una mayor rentabilidad para los agricultores.

El Programa de Producción para el Bienestar ha ejercido el 90% del presupuesto asignado y ha alcanzado el 85% de productores inscritos, lo que significa que ya han salido beneficiados un millón 434 mil productores de un presupuesto total de 8 mil 550 millones de pesos. Es decir que ya se han ejercido 7 mil 713 millones de pesos.

Hacen hincapié en que estos programas son prioritarios y sustantivos, que tienen un enfoque social y una orientación territorial, es decir que van a las zonas donde más se les necesita y donde hay una vocación especial de la tierra. Esto no es nada novedoso, puesto que siempre se ha hecho de esta manera.

La intención es, dicen, fortalecer la seguridad y la autosuficiencia alimentaria, mejorando las condiciones de vida de las familias que viven en las zonas rurales y han insistido en que se beneficiarán a más de 2 millones de pequeños productores con estos programas y que se les dará asesoría técnica, transferencia e innovación tecnológica, para incrementar la productividad y hacer frente al cambio climático.

Pero qué creen, los apoyos son nada más para pequeños productores con predios de hasta 5 hectáreas y les darán nada más 1,600 pesos por hectárea y 1 mil pesos por hectárea a los medianos productores con predios de hasta 20 hectáreas. Una cantidad que no les alcanzará ni para lo más elemental.

Apoyarán a 250 mil cafeticultores con 5 mil pesos por productor y a 170 mil cañeros con 7, 300 pesos a cada uno. Es decir, la suma total de estos incentivos será de 2,491 millones de pesos.

Para los ganaderos se estableció el llamado Crédito a la Palabra cuyo objetivo es repoblar el hato ganadero y que consiste en entregar a cada productor 10 novillonas con un valor de 16 mil pesos cada una y/o 1 semental de registro de 37 mil pesos. Solamente podrán participar ganaderos que tengan hasta 35 vientres y que cuenten con la suficiente capacidad forrajera para alimentar el ganado solicitado. Hasta la fecha se han entregado apoyos a 4,526 productores y la meta es llegar a 19,200 en total. Solamente será aplicado en 14 estados en condiciones de marginación y pobreza, aunque la intención es llegar a todo el país.

Para pesca y acuacultura tienen un presupuesto de 1,159 millones de pesos para fomentar la productividad pesquera y acuícola, entregando alrededor de 7 mil pesos por productor pesquero.

A simple vista pareciera que es mucho dinero el que se ha asignado a estas actividades productivas; sin embargo, el número de beneficiados es mínimo comparado con el padrón nacional de productores de cada especialidad.

En efecto, se redujeron los programas, pero también disminuyeron los presupuestos y la aplicación de candados ahora es tan rígida, que muy pocos tendrán acceso a estos incentivos, por lo que se augura que el campo seguirá siendo como siempre el patito feo de la economía nacional y los apoyos entregados ni siquiera les alcanzarán para comer. Como se puede ver, es mucho ruido y pocas nueces.