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Eres lo que te dices: la ciencia del diálogo interno

La forma en la que te hablas a ti mismo
condiciona tu capacidad para afrontar las dificultades y determina la toma de decisiones

Municipiosur.com
Agencias

Si quieres variar la percepción que tienes sobre ti debes cambiar tu diálogo interior. La forma en la que te hablas a ti mismo condiciona tu capacidad para afrontar las dificultades y determina la toma de decisiones. La autoafirmación, o pensar cosas positivas de uno mismo, es una herramienta muy útil para reforzar la autoestima. Sin embargo, no vale cualquier comentario. Se ha comprobado que frases como “puedo con todo” o “soy una persona muy agradable” no ayudan en exceso. Quienes se las dedican no están realmente convencidos de ello, por lo que estas expresiones pueden volverse en su contra. La ciencia del diálogo interior nos da pistas sobre las técnicas que hacen eficaces nuestras autoafirmaciones: debemos imaginar situaciones agradables futuras y tratarnos en segunda persona. Veámoslo con más detalle.

Un estudio sobre imágenes cerebrales ha demostrado el impacto de las autoafirmaciones. Los investigadores solicitaron a 67 participantes, 41 de ellos mujeres, que enumeraran distintas situaciones de la vida en función del valor que le daban. Después pidieron a algunos de ellos que recordaran algún momento positivo de esas situaciones a las que habían otorgado más valor. A través de las imágenes cerebrales, los investigadores descubrieron que cuando alguien piensa en una situación agradable de algo que realmente le importa se activa en su cerebro las áreas relacionadas con la recompensa (el cuerpo estriado ventral y la corteza prefrontal medial ventral).

La respuesta fue diferente entre aquellos que se imaginaban a sí mismos en aspectos a los que no dan tanto valor. Lo más revelador de la investigación ocurrió cuando se solicitó a los voluntarios que pensaran en situaciones futuras. En esos casos se activaron las áreas asociadas con el pensamiento sobre el yo (la corteza prefrontal medial y el cingulado posterior). Los investigadores llegaron a la conclusión de que pensar en nosotros en situaciones agradables futuras sobre aspectos que nos importan nos aporta una energía extraordinaria para tomar decisiones. Es decir, si estamos atravesando un mal momento y nos emitimos una autoafirmación como «cuando todo eso pase, estaremos disfrutando con los amigos», cogeremos fuerzas.

Otra investigación curiosa, dirigida por Ethan Kross, de la Universidad de Michigan (EE UU), se centró en la forma en la que nos hablamos. Un día Kross iba conduciendo y se saltó un semáforo en rojo, lo que le obligaba a parar. No lo hizo y se dijo a sí mismo: “Ethan, eres idiota”. Como buen psicólogo se dio cuenta de que se había tratado en segunda persona. No pensó: “Soy idiota”, como podía referirse en otras ocasiones. Aquello le dio pie a analizar cuál era el impacto que podía tener dicho cambio. Para descubrirlo realizó un experimento: pidió a un grupo de voluntarios que prepararan un discurso complejo en tan solo cinco minutos. Mientras lo escribían, a una parte del grupo les dijo que su diálogo interno tenía que ser en términos del yo. A otros, sin embargo, les propuso que durante la preparación se dirigieran a ellos mismos en segunda persona y que, incluso, se llamaran por sus nombres. Después analizó sus reacciones y la forma en la que se enfrentaron al problema.

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