Datos que demuestran que, efectivamente, en España hace cada vez menos frío y los veranos son más largos y más calurosos
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Agencias
No hace tanto que en la mayor parte de España había pocas dudas sobre la época del año en la que estábamos. Aquellos que nacieron en los 80 o en los 90 recordarán perfectamente que en invierno hacía frío y en verano, calor. Las temperaturas sofocantes se solían sufrir sólo en julio y agosto, aunque la lluvia y el suave clima habituales en el norte de España también durante esos dos meses invitaban a bromear sobre si realmente había verano en Galicia, Asturias, Cantabria o el País Vasco. Pero las estaciones se han ido diluyendo y nos estamos acostumbrando a disfrutar de semanas sin abrigo en febrero o a bañarnos en la playa en abril, octubre o incluso noviembre.
En el norte también ha habido cambios. Año 2018: el verano gallego dura 15 días más que hace 10 años (en concreto, 15 días más en Vigo y 14 en Orense). Es una de las conclusiones más llamativas del primer análisis que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha hecho de su Open Data Climático, una suerte de gran base de datos que estará disponible de forma abierta para el público a partir de abril y que recoge el registro histórico de 58 observatorios españoles, algunos de ellos en funcionamiento desde los años 70.
Datos que demuestran que, efectivamente, en España hace cada vez menos frío y los veranos son más largos y más calurosos, una tendencia que se observa, sobre todo, desde que comenzó este siglo. De media, el estío se alarga en torno a nueve días cada década: «O lo que es lo mismo, el verano es cinco semanas más largo ahora que a principios de los 80», señala en conversación telefónica Beatriz Hervella, portavoz de Aemet. El récord lo tiene Las Palmas de Gran Canaria, donde ahora disfrutan de veranos 16 días más largos que hace una década.
El verano y la primavera son las estaciones más afectadas por el cambio climático, pero el análisis de los datos revela que las temperaturas medias anuales de todas las estaciones son cada vez más elevadas. El resultado más extremo se registró en el observatorio del Aeropuerto de Barcelona.
El aumento del calor, el incremento de la temperatura del mar Mediterráneo (0,34ºC más por década desde los 80) y la desertificación del territorio español son algunas de las consecuencias del cambio climático que, según este análisis presentado por la Aemet y el Ministerio para la Transición Ecológica esta semana, sufren ya 32 millones de españoles. Los habitantes de las zonas costeras y las grandes ciudades son los peor parados.
En los últimos 50 años, la superficie semiárida -matiza Hervella que no podemos hablar de desierto- ha crecido 30.000 kilómetros cuadrados, equivalentes al 6% del área de España. Castilla-La Mancha, el valle del Ebro y el sureste peninsular son las zonas más afectadas.