Theresa May lucha para evitar otra derrota de su Brexit

La primera ministra viaja a Estrasburgo para reunirse con Jean-Claude Juncker

Agencias

Municipiossur.com

Theresa May ha decidido este lunes a última hora viajar a Estrasburgo para mantener una última conversación con Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea. May lucha hasta el final por arañar de la UE las concesiones necesarias para convencer a los euroescépticos. El Parlamento vuelve a votar este martes, salvo sorpresa de última hora, el plan del Brexit y todo apunta a que será derrotado de nuevo. May puede perder el control del proceso en su recta final.

En el afán de salvar su plan y ganar tiempo, la primera ministra ha prometido todo a todos. El momento de saldar deudas ha llegado y May tiene un serio problema de liquidez política. Este era el orden de los compromisos: el Gobierno de Reino Unido anunció que sometería de nuevo este martes a votación su plan del Brexit en la Cámara de los Comunes.

Confiaba la líder británica, quien puso todas sus esperanzas en la habilidad jurídica de su Abogado General, Geoffrey Cox, en lograr para entonces concesiones suficientes de la UE respecto al llamado backstop, la salvaguarda para Irlanda del Norte, para convencer a los euroescépticos. Cox se enfrentó desde el primer minuto a un muro de hormigón, y la flexibilidad mostrada por Bruselas no parece suficiente como para que el plan salga con éxito de su escrutinio parlamentario.

Todo apunta a que sufrirá una derrota igual de estrepitosa que la del pasado enero. Por eso en las últimas horas, la buena voluntad de los aliados de May y la malicia de los euroescépticos han coincidido en aconsejar a la primera ministra que retrasara de nuevo la votación definitiva. La argucia parlamentaria sugerida consistiría en presentar una moción neutra que exprese la voluntad del Gobierno de alcanzar un acuerdo con la UE. “Creo que una votación sobre un texto que diga que la Cámara apoyará el plan si se logra tal y cual cosa es un modo correcto de mantener la unidad del partido o de limitar la escala de la derrota”, sugirió Jacob Rees-Mogg, el líder del ala dura conservadora.

Una jugada así, sin embargo, chocaba frontalmente con el segundo y tercer compromiso anunciados por May la semana pasada: preguntar a continuación al Parlamento si estaba dispuesto a aceptar un Brexit sin acuerdo y, en caso de respuesta negativa, dar a los diputados la opción de ordenar al Gobierno que solicitara una prórroga de la fecha de salida de la UE, prevista para el 29 de marzo.

Ante la posibilidad de que May intentara sortear ambos compromisos y ganar tiempo, las amenazas han sido elevadas. Nick Boles, el diputado conservador que retiró en último momento su moción a favor de una prórroga, sugirió este lunes que se planteaba la opción de someter a confianza el mandato de la primera ministra. “Estoy seguro de que Theresa May honrará sus tres compromisos”, ha dicho, “porque si no lo hace perderá la confianza de la Cámara de los Comunes».

Tal era el estado de nervios de Downing Street que decidió enviar a un cargo de segundo rango al Parlamento para responder a una nueva intervención del líder de la oposición, Jeremy Corbyn. El vicesecretario de Estado para el Brexit, Robin Walker, prometió a un Corbyn enfurecido que no se retrasaría la votación en el último minuto y que los diputados podrían conocer el informe legal de lo pactado con Bruselas que se disponía a realizar el Abogado General. “Una y otra vez esta primera ministra ha fracasado en sus negociaciones, y ha rechazado cualquier compromiso. No ha hecho más que imponer retrasos. Tres meses después no ha logrado ni un solo avance en su plan. Simplemente está dejando que pase el tiempo”, protestó el líder del laborismo ante la ausencia en la Cámara de la primera ministra.

La recta final del Brexit se ha convertido en un duelo de fuerza entre el Gobierno británico y la mayoría del Parlamento, que ha debilitado la autoridad y capacidad negociadora de May en Bruselas. Los euroescépticos siguen firmes en su rechazo al plan de la primera ministra y convencidos de que el volumen de la derrota volverá a ser considerable. Los laboristas tienen sus próximos pasos preparados, incluida la posibilidad anunciada de solicitar un segundo referéndum al final de todo este proceso.

Traición y sospechas

Los moderados que prepararon en su momento mociones para forzar un retraso de la fecha de salida del Brexit huelen a traición en el actual ambiente de sospechas mutuas. “Si May no cumple con sus promesas sería una mentira en toda regla”, advirtió la diputada laborista, Yvette Cooper, quien anunció que seguiría adelante con las mociones para forzar un retraso aunque el Gobierno decidiera de nuevo retirar su texto.

En su juego por poner al Parlamento al borde del precipicio antes de tomar una decisión, May ha estirado las cuerdas del proceso parlamentario. No solo apuró los plazos al límite para mostrar a los parlamentarios el texto que someterá este martes a su consideración, sino que puso en riesgo las posibilidades, según el reglamento de la Cámara, de que pudieran presentarse enmiendas al plan en tiempo y forma.

Por una vez, el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, pareció jugar a favor del Gobierno y advirtió a los diputados de que el plazo para poner sobre la mesa cualquier iniciativa parlamentaria finalizaba a las 23.30 de este lunes, hora española. Pero a continuación señaló que existía la posibilidad de introducir “enmiendas manuscritas”, una práctica permitida en situaciones excepcionales para introducir nuevos elementos en el mismo día del debate. Y nadie duda de que la situación es excepcional.