El hallazgo de pruebas de tres grandes tormentas solares en el pasado hace pensar que son «hechos naturales recurrentes» dentro de la actividad del Sol
Municipiosur.com
Agencias
Nuestro planeta sufre un bombardeo constante de partículas cósmicas. Procedentes en gran medida del Sol, pero también de las estrellas o de los más violentos y lejanos eventos del Universo, no sería exagerado decir que cada centímetro cuadrado de nuestro mundo recibe, a cada segundo que pasa, elimpacto de millones de estas partículas de alta energía.
Afortunadamente, contamos con un escudo natural que nos defiende de esta agresión constante: el campo magnético que rodea la Tierra y que desvía, o convierte en una lluvia inofensiva, la mayor parte de esas partículas letales. Sin él, es muy probable que la vida se hubiera extinguido hace mucho tiempo, o incluso que ni siquiera hubiera llegado a formarse.
Sin embargo, en ocasiones, la agresión resulta tan violenta que ni siquiera el escudo magnético es capaz de contenerla. En esos momentos, nuestras defensas se ven ampliamente superadas y las partículas de alta energía atraviesan la atmósfera como millones de «balas microscópicas» que impactan sobre la superficie del planeta y contra todo lo que hay en ella.
Las «megatormentas»
Es el caso de lo que los expertos conocen como «tormentas solares masivas», provocadas por enormes explosiones en la superficie del Sol y ante las cuales no existe defensa posible. Sabemos que esas «megatormentas» se producen, pero llevamos demasiado poco tiempo observando sistemáticamente el Sol como para ser capaces de prededir sus ciclos con exactitud.
No olvidemos que hace apenas 70 años que los investigadores disponen de instrumentos para estudiar y medir la intensidad de las tormentas solares. Un tiempo muy corto pero que sin embargo ha bastado para darse cuenta del riesgo que esas tormentas pueden suponer para las redes eléctricas, los sistemas de comunicaciones, los satélites, el tráfico aéreo y, en definitiva, para todo aquello que hace posible la vida cotidiana de miles de millones de personas en todo el mundo.
Dos ejemplos recientes de tormentas solares severas en tiempos modernos y que causaron grandes cortes de energía tuvieron lugar en Quebec, Canadá, en 1989 y en Malmö, Suecia, en 2003. Fueron solo «fenómenos locales», pero los expertos tienden a considerarlos más bien como «avisos» de lo que una de esas tormentas sería capaz de hacer a escala global.