Merkel y Macron firman el tratado Aquisgrán de resistencia

Las elecciones de mayo llevarán a una horda de partidos antieuropeos a ganar fuerza en Estrasburgo

 

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Grandes palabras, pequeños pasos. Si bien es cierto que Alemania y Francia están desde ayer un poquito más cerca de constituir una unidad política, también lo es que el único avance tangible en términos geopolíticos del nuevo Tratado de Aquisgrán, firmado por Merkel y Macron con toda la solemnidad posible en el significativo ayuntamiento de la que fuera capital de Carlomagno, es un compromiso para alinear su política de venta de armamentos y para aumentar la cooperación militar «como paso hacia la formación de un ejército europeo». Merkel trastabilló al pronunciar esas palabras en su discurso, consciente seguramente del océano de intereses que todavía separa ese proyecto de la realidad. «Nos comprometemos a desarrollar una cultura militar común, una industria común de la Defensa, una línea común de exportación de armamento, y ambos nos proponemos dar pasos hacia un ejército europeo», dijo la canciller. Ojo a la política de venta de armas porque decidiendo a quién se le venden se influye en los conflictos tanto o más que enviando soldados. Macron, por ejemplo, defiende que hay que seguir vendiendo armas a Arabia Saudí. Para cumplir con este tratado tendrá que ponerse de acuerdo con Alemania, lo que augura futuros remiendos.

Ya en 1963, cuando Konrad Adenauer y Charles de Gaulle firmaron el Tratado del Elíseo, precedente y base de éste, el Bundestag alemán se apresuró durante el proceso de ratificación a agregar un preámbulo que reafirmaba la relación especial de Alemania con EE.UU. Fue entonces cuando De Gaulle, líder de la resistencia francesa contra los nazis y presidente, restableció la democracia en Francia, dijo aquella frase que hoy sería juzgada por su incorrección política en lugar de por su veracidad: «Los tratados son como las mujeres jóvenes y las rosas: duran lo que duran». Incluso siguió, citando a Victor Hugo en Les Orientales: «¡Ay! ¡Cuántas jóvenes he visto morir!». La lozanía e incluso la supervivencia de este nuevo tratado están ligadas concretamente al tiempo político que les queda a Macron y a Merkel.

Las elecciones de mayo llevarán a una horda de partidos antieuropeos a ganar fuerza en Estrasburgo, donde esperan luchar desde dentro contra el proyecto europeo, y Merkel y Macron tratan de apuntalar con esta firma un núcleo duro que resista el embate. «Con el Tratado de Aquisgrán renovamos el fundamento de la cooperación entre nuestros dos países», dijo Merkel, recordando que a la luz de la historia la relación actual es algo que no puede darse por sobreentendido. «La amenaza hoy no viene de los vecinos, sino del exterior de Europa y del interior de nuestra sociedad», redibujó Macron el marco estratégico, calificando por ello el tratado de «indispensable» y afirmando que Alemania y Francia «abren un nuevo capítulo», «un nuevo paso a partir del fundamento de la reconciliación».

«Crecen en todos nuestros países populismos y nacionalismos, por primera vez un país abandona la unión, Gran Bretaña, en el mundo se ponen trabas al multilateralismo, es ahora cuando debemos hemos de apuntalar principios que son puestos en cuestión», señaló Merkel como verdadero objetivo del tratado, la constitución de un núcleo de oposición a los nuevos agentes políticos deseosos de poner fin al proceso de integración europea. Macron se refirió al «Brexit doloroso» y recordó los «grandes cambios» que afrontan los europeos en el ámbito internacional, entre los que citó el cambio climático, el terrorismo o el desafío de la inmigración. «En este mundo, Alemania y Francia deben asumir su responsabilidad y mostrar el camino», dijo, «deben mostrar cómo las naciones adultas viven en paz». Apuntó al reto que supone «responder al enfado» de los ciudadanos europeos, para lo cual llamó a «una nueva solidaridad» para poder asumir «esa responsabilidad ante Europa». «Nuestros ciudadanos», reprochó, «piden una respuesta cada vez más fuerte».

Más compromisos

El reproche venía al caso de lo que queda en el tintero de la redacción el acuerdo, que podría haber sido mucho más ambicioso. El elíseo hubiese deseado muchos más compromisos en materia laboral y social, como un primer acuerdo para salarios mínimos comunes en los dos países. Alemania, por su parte, anhela en silencio que Francia diese un gran paso de europeísmo y cediese a la UE el sillón permanente del que disfruta en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se trata en ambos casos de ambiciones que topan con el techo del europeísmo de ambas naciones. En los discursos de los dos jefes de gobierno surgieron otras diferencias de concepto. «A Francia se le ha reprochado un exceso de gasto y un escaso esfuerzo por estabilizar los presupuestos. A Alemania un exceso de celo en la estabilización de los presupuestos y no haber hecho suficientes inversiones. Tenemos que buscar un camino satisfactorio para los dos», dejó caer Macron. Merkel, por su parte, recordó que Alemania está marcada por su propio idioma, en el que la palabra «Schuld» significa tanto «deuda» como «culpa», mientras que en francés hay dos palabras distintas para los dos conceptos diferenciados.

Pero a pesar de sus límites y carencias, este Tratado de Aquisgrán es de gran relevancia para el motor franco-alemán y para el conjunto del bloque europeo. Su nuevo nivel de cooperación económica, investigación y tecnología, los nuevos alineamientos en política exterior, educación, cultura, cambio climático, medio ambiente y sociedad civil quieren convertirse en una avanzadilla que invite al resto de los europeos a sumarse. Constituye un nuevo paso de integración real, a diferencia de los muchos «fakes» que han circulado sobre el contenido del Tratado en Francia durante los días previos a la firma, entre los que destacaban el que difundió que Francia era obligada a entregar Alsacia y Lorena y el que advertía los alsacianos, a partir de ahora, estarían obligados a hablar alemán. A la llegada de Merkel y Macron a Aquisgrán, unos cien manifestantes abuchearon a los jefes de gobierno y dejaron constancia de cierta resistencia a la nueva realidad. En sus pancartas se leía desde «expansión ferroviaria en lugar de Eurofighter» hasta «Nosotros somos el pueblo», la misma consigna que hace 30 años derribó el Muro de Berlín.

 

 

 

 

Italia acusa a Francia de ser la responsable de la pobreza en África

«El problema de los migrantes tiene tantas causas. Hay quien en África sustrae riqueza a esos pueblos. Y Francia está entre ellos», señaló Salvini

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Aumenta la tensión entre París y Roma. El ministro de Interior italiano, Matteo Salvini, señaló al país galo como el responsable de la inmigración a Europa por aprovecharse de la riqueza del continente africano. «El problema de los migrantes tiene tantas causas. Hay quien en África sustrae riqueza a esos pueblos. Y Francia está entre ellos», aseguró el líder de la Liga durante una entrevista en televisión.

Italia siempre ha mantenido una relación de amor-odio con su país vecino, sobre todo a causa de la política de inmigración. No es la primera vez que desde Roma acusan a París de ser «insolidario». Pero desde que el Gobierno de coalición entre la Liga y el Movimiento Cinco Estrellas llegó al poder el pasado verano, los enfrentamientos entre los dos países han ido ‘in crescendo’.

Este martes Salvini se sumó a las críticas del ministro de Trabajo y Desarrollo Económico, Luigi Di Maio, que hace sólo unos días acusó a Francia de «empobrecer» a los africanos durante la etapa colonial y provocar el éxodo a Europa de migrantes africanos. «Si las personas se van de África es porque algunos países europeos, en especial Francia, nunca han dejado de colonizar», dijo el líder del Movimiento Cinco Estrellas. Las declaraciones del vicepresidente del Gobierno italiano provocaron la indignación al otro lado de los Alpes. El Ministerio de Exteriores francés convocó inmediatamente a la embajadora italiana, Teresa Castaldo, para expresarle su malestar por el tono de los líderes del Gobierno bicéfalo italiano.

Pero el Gobierno italiano no parece tener intención de pisar el freno. Salvini defendió que Francia tiene «intereses opuestos a los italianos» en África, especialmente en Libia, el país desde donde parten la mayoría de embarcaciones con migrantes y refugiados que tratan de alcanzar Europa. «Francia no tiene ningún interés en estabilizar la situación en Libia porque tiene intereses petrolíferos opuestos a los italianos. Tengo el orgullo de gobernar un pueblo generoso, solidario, acogedor y lecciones de bondad y generosidad no nos las da nadie. Y menos aún el señor Macron».

El ministro de Interior italiano defendió que su negativa a permitir a las ONG desembarcar en los puertos italianos estaba dando resultados positivos. «Los inmigrantes se salvan, como hizo la guardia costera libia, y se devuelven (a sus países). Así la gente deja de pagar a los traficante por un viaje que no tiene futuro. Más personas parten, más personas mueren. Quien quiere a África hace de todo para que los migrantes no partan», sostuvo.