GRACIAS A LA VIDA

Gabriel García-Márquez

Increíble pero cierto, Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de Andrés Manuel López Obrador, tiene más dinero que él, tiene más propiedades que él y tiene más vehículos que él y gana más que él, incluso hasta sus hijos tienen más bienes que él. ¿No es esto increíble?

Es inexplicable que una persona que ha trabajado durante toda su vida, que ha ocupado las primeras planas de los diarios y todos los espacios informativos habidos y por haber, que fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal, una de las ciudades más grandes del mundo, no tenga una fortuna más o menos destacable.

Para justificarse afirma que él nunca ha aspirado a tener bienes materiales, que nunca le ha interesado el dinero; sin embargo, aclara que no todo aquél que tiene es un malvado. Reconoce que hay ciudadanos que han acumulado bienes de manera legal, producto de su esfuerzo y su trabajo, por lo que merecen su respeto.

López Obrador aclara que nunca ha tenido como objetivo tener dinero, que la felicidad no es acumular bienes materiales, pues la verdadera felicidad es estar bien con uno mismo, con la conciencia y con el prójimo.

Concluyó su homilía ante los reporteros de los medios de comunicación que se desmañanan todos los días para escuchar sus ocurrencias: “doy gracias a la vida que me ha dado tanto”.

Al final nos quedamos boquiabiertos ante un presidente que no aspira a tener bienes materiales y que no tiene en qué caerse muerto, salvo el sueldo producto de los primeros meses como presidente electo.

No sabemos si es para sentirnos orgullosos o decepcionados por tener un presidente que no aspira a nada más que a estar bien con el prójimo y si no aspira a tener un crecimiento económico, por qué le tendríamos que creer que quiere lo mejor para México.

Las acciones hasta ahora emprendidas por López Obrador, nos demuestran que el futuro económico de México es incierto, toda vez que es un hombre sin ambiciones materiales, que solamente aspira a conservar el usufructo vitalicio de una quinta que le heredaron sus padres y que ahora él ha heredado en vida a sus hijos, quedándose exclusivamente con el usufructo vitalicio.

LA DECLARACIÓN PATRIMONIAL

El presidente López Obrador obligó a sus colaboradores a hacer públicos sus bienes personales, aun cuando esto signifique ponerlos en riesgo ante la delincuencia organizada, que nada más está esperando la oportunidad para perpetrar un secuestro o cobrar derecho de piso a quien le ponen el ojo.

A la mayoría de sus colaboradores cercanos no les quedó de otra que aceptar declarar sus bienes y hacer pública esta declaración, solamente cuatro de ellos se rehusaron a hacer pública tal declaración, por seguridad propia y la de su familia.

El presidente advirtió que todos están obligados a dar a conocer sus bienes para poder continuar en el gabinete; sin embargo, no han cumplido con esta obligación la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero; la titular de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Josefa González Blanco; el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán y el director de la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal, Julio Scherer Ibarra.

Por cierto, quien se lleva las palmas por ser el más rico de su gabinete es el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo Garza, quien tiene una fortuna acumulada durante su larga carrera empresarial y que también tendrá que dar a conocer sus bienes.