Cuando un asteroide se estrella contra la Tierra, deja un pozo con forma de cuenco, como cabría esperar, pero si el asteroide es lo suficientemente grande, el cráter resultante puede tener más de 30 kilómetros de profundidad, momento en el que se vuelve inestable y se colapsa
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Hace sesenta y seis millones de años, un asteroide del tamaño de una pequeña ciudad se estrelló contra la Tierra. Este impacto, que llevaría a la extinción de los dinosaurios, dejó una cicatriz a varios kilómetros de profundidad y de unos 180 kilómetros de diámetro.
El cráter de Chicxulub, que se encuentra debajo de la península de Yucatán en México, es el cráter de impacto más grande y mejor conservado en nuestro planeta. También es el único con un anillo montañoso de rocas aplastadas dentro de su borde exterior, llamado anillo de pico. Durante mucho tiempo se ha debatido cómo se ha formado este anillo y ahora un estudio concluye que son un producto de vibraciones extremadamente fuertes en la Tierra que provocaron que la roca fluyera como un líquido durante unos minutos tras el impacto.
Cuando un asteroide se estrella contra la Tierra, deja un pozo con forma de cuenco, como cabría esperar, pero si el asteroide es lo suficientemente grande, el cráter resultante puede tener más de 30 kilómetros de profundidad, momento en el que se vuelve inestable y se colapsa.
“En estos escenarios, la roca se comporta como un fluido – explica Jay Melosh, líder del estudio, en un comunicado –. Se han propuesto muchas teorías sobre qué mecanismo permite que ocurra esta fluidización, y ahora sabemos que son vibraciones de gran fuerza que sacuden la roca lo suficientemente fuerte como para permitir que fluya”.
Este mecanismo, conocido como «fluidización acústica», es el proceso que permite que el anillo de montañas en el centro del cráter aumente a los pocos minutos de la caída del asteroide.