ENTRE EL PERDÓN Y EL OLVIDO

Gabriel García-Márquez

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, se reunió con las madres y padres de los desaparecidos en el Centro Cultural Tlatelolco. Ahí, en un tono de desesperación y coraje, le exigieron y le suplicaron su intervención para encontrar a sus hijos. Le dijeron que le habían rogado a Dios que llegara a la presidencia, pues tenían la esperanza de que él encontraría a sus hijos.

“¿Quiere que me hinque para que me ayude?” Se oyó el grito desesperado de una madre. López Obrador escuchaba serio, sin saber cómo reaccionar, con las manos metidas en los bolsillos y el gesto adusto.

Las madres habían llegado a la reunión con la esperanza de que el nuevo gobierno, les cumpliría la promesa de hacer justicia. Una justicia que han buscado durante doce años.

Ante la propuesta del poeta Javier Sicilia de guardar un minuto de silencio por las víctimas, las madres gritaron “no podemos guardar silencio, porque guardar silencio es como cerrar los ojos en la obscuridad. Queremos saber dónde está nuestro hijo muerto, para saber dónde llevarle una flor. Nos quieren callar, pero por favor entiendan que ellos están muertos, pero no sabemos dónde están”.

“Usted es la esperanza de todos nosotros”, le dijeron, “créame que le estoy hablando en nombre de todas las madres de México, he llorado de día y de noche, sufriendo, hincada, de rodillas, pidiéndole a Dios que nos dé la oportunidad de saber qué hicieron con nuestros hijos”, exclamaron.

Las historias contadas por las madres son desgarradoras, hablan de violaciones y de crímenes, de levantones por parte de la policía y hasta de hijos policías desaparecidos. “No todos los policías son malos”, dijo una de ellas. Todas trataron de hablar, los padres también con la voz entrecortada querían contar su historia, cada uno lloró su propio dolor, cada uno suplicó a su modo y acusó al gobierno de indolencia.

Habrá que adivinar qué sintió López Obrador al escuchar el clamor de esta gente, de estas madres y padres desconsolados, que llevan en sus manos las fotos de sus hijos y exigen castigo, no impunidad. Están en contra del perdón que tanto pregona AMLO.

El recuento es devastador, se han reportado 40 mil desaparecidos, 22 mil cuerpos sin identificar, mil 100 fosas clandestinas y 250 mil desplazados por la violencia.

¿Sabrá el presidente electo por dónde empezar a buscar? O nada más les dará atole con el dedo como lo ha hecho el gobierno de Peña Nieto.

De nada les sirve a los padres de los desaparecidos la mirada triste de Andrés Manuel, su promesa de que hará lo humanamente posible para que la violencia termine. A los padres no les importa lo que se vaya a hacer en materia de seguridad, lo que exigen es saber dóndes están sus hijos, vivos o muertos.

En la reunión de Tlatelolco el presidente electo ofreció pedir perdón a todas las víctimas de la violencia, prometió hacer justicia, prometió cumplir, prometió estar con el pueblo, prometió acabar con la corrupción sin distinciones, prometió no ser tapadera de nadie, prometió acabar con la impunidad. Promesas y más promesas como si todavía estuviera en campaña.

Pero no se quedó con la papa caliente, prefirió compartir la responsabilidad y les pidió a las agrupaciones UNIDAD, aduciendo que de continuar divididos en grupos le será imposible escucharlos y atenderlos a todos. Ahora resulta.

Pero ante estas promesas y palabras de Andrés Manuel López Obrador, las madres siguieron desconsoladas y al terminar la reunión se fueron tal como habían llegado, sin fe en las autoridades y con la esperanza muerta al ver que el presidente electo no hará nada por encontrar a sus desaparecidos.

El dolor seguirá acabando con estas familias y la esperanza de encontrar a sus desaparecidos para ponerles una flor en su tumba se desvaneció y se alejaron decepcionados de haber creído en AMLO, quien piensa que todavía sigue en campaña.

“Ya basta” es la frase de moda del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, quien, habló una vez más del perdón y del olvido. Dijo que él se inclina por el perdón, pero que el olvido es otra cosa. Ofreció alcanzar la paz y mantener un diálogo permanente con todos. Finalizó diciendo: OLVIDO NO, PERDÓN SÍ, como si con eso fuera a desaparecer el dolor infinito que significa perder a un hijo.