El motivo es que al domesticarlos hemos transformado su cerebro. Así lo afirma un estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
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No hay animal más difícil de domesticar que un gazapo de conejo silvestre, y ningún animal es tan dócil como un gazapo de conejo doméstico, decía Charles Darwin en El origen de las especies.
Cuánta razón tenía el padre de la teoría de la evolución. Estos animales silvestres tienen una respuesta de huida muy fuerte porque son cazados por águilas, halcones, zorros y humanos, y por lo tanto deben estar muy alerta y reactivos para sobrevivir en la naturaleza. Mientras tanto, esas graciosas criaturas que se pasean por casa, muchas veces elegidas por su dulzura como mascotas para los niños, son capaces de dejarse acariciar por las manos más torpes sin apenas inmutarse.
El motivo es que al domesticarlos hemos transformado su cerebro. Así lo afirma un estudio internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que indica que los cambios genéticos asociados con la domesticación de los conejos han tenido un profundo impacto en las regiones de su cerebro relacionadas con el procesamiento del miedo, como son la amígdala y el córtex prefrontal medial. Este es el motivo por el que estos animales se muestren tan dóciles ante nuestra presencia o la de otro potencial depredador. Ya no se asustan.