La detección temprana permite iniciar el tratamiento en etapas iniciales
Por Julio Escobar
Municipiosur.com
El diagnóstico oportuno del cáncer infantil puede marcar la diferencia en la supervivencia y calidad de vida de los menores de 18 años, por lo que es fundamental que los padres identifiquen los principales signos de alarma y acudan periódicamente a las consultas médicas, advirtió el pediatra Edgar Francisco Ortiz de la O.
Durante una charla de concientización sobre esta enfermedad, el especialista destacó que la detección temprana permite iniciar el tratamiento en etapas iniciales, lo que incrementa las posibilidades de recuperación y reduce las complicaciones que pueden presentarse durante la atención médica, la vigilancia y después de concluir las terapias.
“Es importante que los padres tengan conciencia de lo que representa la consulta del niño sano, porque, si no acudimos a estas revisiones, pueden pasar desapercibidos muchos detalles que posteriormente derivan en diagnósticos tardíos. Necesitamos realizar una exploración completa y periódica, incluso en aquellas partes del cuerpo que, por vergüenza o tabúes, los menores ya no permiten que sus padres revisen”, explicó.
Entre los principales signos de alerta mencionó la fiebre persistente durante dos o tres semanas que no responde a los tratamientos habituales, así como los sangrados nasales, en la orina o en otras partes del cuerpo, la aparición de pequeños puntos rojos en la piel y los moretones frecuentes en zonas donde normalmente no se producen golpes.
“Cuando un niño presenta fiebre durante varias semanas y ya recibió dos tratamientos con antibióticos sin mostrar mejoría, debemos prestar atención, porque puede tratarse de una señal de alarma. Lo mismo sucede cuando aparecen sangrados o moretones con facilidad, especialmente en lugares poco habituales, ya que no debemos atribuir todos estos síntomas a la actividad física o a los juegos propios de la infancia”, señaló.
Ortiz de la O también alertó sobre el crecimiento de ganglios en el cuello, las axilas o las ingles, el aumento del tamaño del hígado o del bazo y la aparición de masas abdominales.
Explicó que, en ocasiones, son las propias madres quienes detectan estas alteraciones mientras bañan a sus hijos, por lo que recomendó acudir al médico ante cualquier protuberancia o endurecimiento inusual.
Asimismo, indicó que los dolores de cabeza persistentes, especialmente aquellos que despiertan al menor durante la noche o se acompañan de vómitos por la mañana, requieren una valoración médica.
En los niños pequeños, que todavía no pueden expresar lo que sienten, es importante vigilar el crecimiento acelerado del perímetro cefálico y la pérdida de habilidades que ya habían adquirido, pues también pueden ser señales de alteraciones neurológicas.
El especialista reiteró que la fiebre prolongada, los sangrados, la pérdida de peso sin causa aparente, el cansancio extremo, el dolor de huesos y los cambios en la visión o el equilibrio no deben ignorarse.
Subrayó que, aunque estos síntomas también pueden estar relacionados con enfermedades distintas al cáncer, su persistencia amerita una revisión médica, ya que la detección oportuna permite brindar atención especializada y ofrecer mejores oportunidades de recuperación a los pacientes infantiles.

