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Los viejos “lobitos” de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, promueven el “fuego amigo” en contra de los nuevos dirigentes de la CMIC. Si hoy en día el organismo tiene grandeza y transformación se debe a los buenos liderazgos que ha tenido la CMIC en las figuras de Pablo Farfán, Luis Escamilla e Iván Ordaz. Los que un día fueron los caciques, es decir, los dueños absolutos de la Cámara, no soportan que el organismo tenga éxito hoy en día. Los “Lobitos viejos constructores” se deben de dedicar a cuidar a sus nietos, en vez de andar jadiendo a los “chavos” que manejan la institución empresarial. Uno de los grandes logros de Farfán, Escamilla y Ordaz, es que dependencias del gobierno federal “voltearon sus ojos” a Coatzacoalcos para darle trabajo a los constructores locales. Un ejemplo de esa apertura la tenemos con don Miguel Ángel Sierra Carrasco, titular de la Administración Portuaria Integral, quien siempre toma en cuenta a los socios de la CMIC para darles “chamba”, un trabajo que se gana en forma honesta y transparente, siempre participando en las licitaciones que lanza la ASIPONA. Farfán, Escamilla y Ordaz son pilares de la nueva CMIC

La Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, desde que dejo de estar en manos de los “viejos lobitos constructores”, ha tenido años de grandeza y recuperación para beneficio de los socios que la integran. Antes, cuando la CMIC era controlada por los veteranos constructores solo se beneficiaban un puñado de seres humanos los cuales no llegaban a cinco personas. El tráfico de influencias para conseguir obras en los gobiernos federal, estatal y municipal eran el pan de cada día de los ex dueños de la CMIC. Los viejos amos de la Cámara, no repartían absolutamente nada a los agremiados, para ellos era el “toma todo”, así se hicieron de mucho billete. La CMIC con sede en Coatzacoalcos dio un giro total cuando llegaron al mando Pablo Farfán Sánchez, Luis Escamilla y ahora Iván Ordaz. Los jóvenes llegaron a la organización de constructores para cambiar las cosas, donde el principal objetivo de Farfán, Escamilla y Ordaz, era que la mielecita escurriera para todos los socios. Los teres últimos nuevos mandos que ha tenido la CMIC, (Pablo, Luis e Iván), le han dado un nuevo rumbo a los constructores, no solo porteños, sino de toda la región sur de Veracruz. Hoy al interior de la CMIC se está dando el famoso “fuego amigo”, donde los “viejos constructores” quieren “reventar” con chismes e intrigas a los jóvenes dirigentes de la institución. ¿Conque hay que quedarnos de la labor que en su momento realizaron Pablo Farfán, Luis Escamilla y ahora Iván Ordaz?, que estos varones en su tiempo y momento se condujeron en forma profesional, objetiva y honesta. De Farfán, Escamilla y Ordaz, no existe ninguna queja en su comportamiento personal y como dirigentes, es todo lo contrario, ellos, en pocos años se encargaron que dependencias federales tomaran en cuenta a los constructores locales, ese es legado que dejaron Farfán y Escamilla, y que ahora también impulsa Iván Ordaz. Uno de los grandes logros de los que han estado al frente de la CMIC, es que en base a un dialogo honesto, lograron que la Administración Portuaria Integral de Coatzacoalcos, le diera “chamba” a los socios de la CMIC. La sensibilidad humana y administrativa de don Miguel Ángel Sierra Carrasco fue un factor clave para que los agremiados de la CMIC fueron tomados en cuenta para tener trabajo. El señor Sierra, en varias ocasiones se sentó con Pablo Farfán, Luis Escamilla e Iván Ordaz, donde se dio la química entre todos ellos para que el trabajo no les faltara a los constructores porteños. Don Miguel Ángel Sierra, se tiene que decir, vino a cambiar muchas cosas al interior de la Administración Portuaria, y uno de estos valiosos cambios, fue darle beneficios honestos a los sectores productivos de Coatzacoalcos, entre ellos la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción. En sí, si hoy en día la CMIC con sede en Coatzacoalcos vive una época nueva y con trabajo para los agremiados, se debe al esfuerzo que primero hicieron Pablo Farfán y Luis Escamilla, labor que le da seguimiento Iván Ordaz. Fin del comunicado. “No hay hilos, no hay alambres”. (Artículo escrito por Federico Lagunes)

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