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México necesitaba medir su fuerza en Concacaf frente a un rival que no le rinde pleitesía. En una final que se acercó peligrosamente a los tiempos extra, Panamá demostró con méritos que puede igualar el tamaño del Tri y no ser más el joven David en la batalla contra el gigante Goliat. Pero como el futbol no sabe de méritos, sino de jugadas que definen partidos, el equipo nacional conquistó la Copa Oro gracias al instinto goleador de Santiago Giménez (1-0), un talento sin fin en el ataque.
Hubo rastros de viejas heridas en el festejo de los mexicanos: la eliminación en primera ronda del Mundial en Qatar, las derrotas seguidas contra Estados Unidos y dos procesos que obligaron cambios en la Federación Mexicana de Futbol.
Al final fue un recital nocturno. Todos en la misma fiesta, cada uno con su propio mambo. Una composición social tan inusitada como la cantidad de gente en las gradas, un total de 70 mil espectadores. Tras entrar de cambio a los 85 minutos, Giménez hizo el gol para la victoria en el estadio SoFi Stadium (88).
Con información de: La Jornada

