A menos que demuestren lo contrario, resultaron unos corruptazos

PROSA APRISA

Arturo Reyes Isidoro

El año pasado, en noviembre, el IMSS le rescindió el contrato de una de sus guarderías en el puerto de Veracruz por tener registrados a niños que no asistían, por los que cobraba, con lo que causaba daño patrimonial a la institución. En su momento fue denunciado y tiene abierta una carpeta de investigación. Se busca que repare el daño que cometió. Obligó a sus trabajadores a salir a protestar en su defensa y con engaños logró que lo hicieran también padres de niños.

Ahora, en días pasados incitó a padres y trabajadores de su guardería en Cardel para que salieran a protestar (bajo un intenso sol, exponiendo a los niños) por el supuesto cierre de su parvulario, pero resulta que la guardería no es propiedad del IMSS sino suya, a pesar de lo cual el Instituto le vino ampliando la prórroga de un contrato que tenían, porque el servicio de guardería en esa localidad se licitó en tres ocasiones y se declaró desierta porque ni él ni nadie ha cumplido con los requisitos de Protección Civil para garantizar la seguridad y la protección de niños y trabajadores.

Pero no quiere que se le acabe el negocio no obstante que su guardería está ubicada a menos de 50 metros de una bodega de fertilizantes y de una recicladora de materiales inflamables, sitios que ante un incendio podrían causar una tragedia con pérdidas de vidas humanas. El contrato se venció el 31 de marzo y quiere que se lo sigan dando sin cumplir con los requisitos de seguridad que se le piden.

Mientras no se garantice la seguridad de los niños, de los trabajadores y hasta de los padres, las autoridades deben ser inflexibles. A nadie se le debe ni se le puede impedir que busque ganarse la vida, pero todo debe ser dentro del orden y de la ley. Nunca se debe olvidar el caso de la guardería ABC, en Hermosillo, Sonora, en donde en 2009 un incendio dejó un saldo de 49 niños muertos y 104 lesionados. Falta de medidas de seguridad y corrupción causaron la tragedia.

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