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Don Carlos, varón de 80 años, quien junto con su fiel perrita, una “Pastor Alemán”, recorre el primer cuadro de la ciudad de Coatzacoalcos

Por Ernesto Malpica

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No cabe duda que la vida para algunos es cruel y despiadada desde su concepción, mientras que para otros está llena de privilegios, de cosas bellas, sin embargo dentro del sufrimiento, algunos han creado un entorno de felicidad, como es el caso de don Carlos, que felizmente deambula por las avenidas del puerto en el primer cuadro de la ciudad, acompañado de su fiel compañera Sombra, una perra, producto de un cruce de criollo con pastor alemán de apenas tres años. Don Carlos de 80 años, aunque no los aparenta, bajo de estatura y figura delgada, ya es ampliamente conocido en el primer cuadro de la ciudad, pues diariamente con pasos ligeros se le mira jalando a su perra de lomo color negro con café y cuando se cansan, hacen una pausa y se sientan en una banqueta sombreada, ahora sí valga la redundancia, con Sombra siempre a su lado. Don Carlos, originario de Torreón, Coahuila, cuenta su triste historia, con su voz delgada relata que él fue producto de un gallazo por parte de su madre, ya grande supo que su padre nunca quiso reconocer su paternidad y huyó de su madre, ésta, según le contó su tía, siendo bebé fue abandonado por su progenitora en un basurero en donde ya era devorado por las hormigas. Su tía, a quien llamaba mamá fue quien lo creó al lado de sus otros 10 hijos, entre las que destacan dos mujeres de ocho, que eran quien a su corta edad, 12 años aproximadamente, le hacían la vida de cuadritos, dándole malos tratos y recordándole que no era su hermano, que a él lo habían recogido en un basurero, esas palabras, dice don Carlos, para él resultaban hirientes, sentía feo y me ponía a llorar. Con el correr del tiempo, siendo todavía joven, don Carlos abandonó la casa de su tía en busca de nuevos horizontes, entregándose a los vicios, llegándose a drogar con jóvenes estudiantes de Torreón, adictos a la mariguana que era la droga de la preferencia. Fue después de los 40 años que decidió abandonar su estado y se vino a Veracruz puerto en donde estuvo trabajando, en donde después fue acusado de robo, siendo internado en el desaparecido penal de Allende en donde fue sentenciado a ocho años de prisión, culminando su condena en el penal de Perote. Tras el trago amargo de estar en prisión, don Carlos no quiso quedarse en Veracruz, pues sabía que los policías por cualquier pretexto lo volverían a meter al bote, fue cuando decidió venir a Coatzacoalcos, trabajando en varios lugares, incluso con Tacho el de Las Mojarras. Don Carlos vive de los apoyos que le dan las bondadosas personas, no es pedigüeño, ni anda estirando la mano para que le den alguna moneda, la gente ya lo conoce, llama poderosamente la atención al hacerse acompañar de su perra Sombra, una can alegre, que se ve que está bien alimentada y limpia, incluso hay algunos que le dan algunas monedas o billete para que le compre croquetas a la peludita, a la cual comenzó a criar desde el primer día que se la regalaron siendo cachorrita. Confiesa que es difícil criar a un perro, sobre todo cuando se te enferman, señala que tuvo a punto de perder a Sombra, pues en una ocasión decidió llevarla a la playa, caminando hasta el malecón, pues esta tenía muchas garrapatas, pero debido al cansancio y a la sed que le generó la caminata, el animal entró al mar a tomar agua salada la cual le cayó mal en su estómago y comenzó a vomitar, además de causarle diarrea. Como todo un padre cuando flagela a su hio, dijo estar arrepentido de haberle dado maltrato en una ocasión a Sombra, debido a que la cachorrita se orinó en el cartón donde dormía, esa noche lluviosa, luego de pegarle la corrió y la perrita se retiró, dice que cuando despertó Sombra ya no estaba en su lugar y al salir a buscarla la vio que ahí estaba parada, escurriendo agua, ya la metió para secarla y dejarla dormir a su lado, diciéndole arrepentido que todo estaría bien, desde ese entonces ningún maltrato a Sombra. Pese a sufrimientos, en la vida siempre existen seres de luz enamorados de Dios que hacen posible que el transitar por la vida sea más agradable para aquellos que sufren por algunas necesidades y don Carlos ha encontrado seres maravillosos, como un empleado del Registro Civil que se ofreció desde un principio para llevar a su perra para que la esterilizaran, cosa que así sucedió, esa misma persona ofreció y le realizó gestionar su acta de nacimiento hasta Torreón, pues aquí se encontraba sin ningún documento, para luego inscribirlo en el programa federal de Bienestar en donde cada dos meses recibe su pensión de 3,800 pesos de adulto mayor. Dice que debido al trabajo que realizó en Las Mojarras del difunto don Tacho, ahí siempre que pasa le tienen preparado su lonche, botes llenos de caldo de camarón o pescado del día y hasta a Sombra le tienen guardado sus huesos. Finalmente comentó que antes vivía con su perrita en una construcción abandonada de la familia Vega, aquí en Heroico Colegio Militar, pero debido a que por ese lugar corren las aguas negras decidieron salirse y una altruista persona le dio a cuidar una casa atrás del túnel en donde actualmente vive con Sombra, la perrita que se ha ganado el cariño de muchas personas, pues quien le genera confianza se pone a jugar y los que le generan mala vibra les ladra. He aquí la historia de un binomio de amor y ternura.

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