Por: Florencia Basulto Nelsón
Municipiosur.com
En plena Emergencia Sanitaria Mundial por el coronavirus, el Sub secretario de Salud, Hugo López Gatell detona el escándalo de “Los túneles de Tlalpan” que, como medida preventiva para evitar contagios por el coronavirus, se venían instalando y autorizando por las propias autoridades federales y estatales de salud, inclusive COFEPRI, Protección contra Riesgos Sanitarios, certificó el desinfectante nebulizador que distribuye los rociadores. Según Gatell: “estas máquinas han sido autorizadas y probadas para su uso controlado en determinadas condiciones, de lo contrario se podría tener un efecto opuesto”. La Doctora Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid; Maestra en Historia de México y Licenciada en Química Farmacéutica Biológica por la UNAM; ex Rectora de la Universidad Metropolitana, Unidad Xochimilco, Patricia Aceves Pastrana, fue el blanco de las críticas en prensa y redes sociales, pues la destacada académica, hija de una respetable familia de Minatitlán, es la alcaldesa de lujo de Tlalpan, una de las 16 Delegaciones de Ciudad de México, y mandó a hacer 10 réplicas de túneles chinos a bajo costo, con el consentimiento de la Jefa del gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, quien acepta que se compraron, porque “pensé que podían ser útiles”. Así, de una maravilla, los túneles o cabinas pasaron a ser una amenaza y la alcaldesa Aceves Pastrana, la minatitleca más valiosa de MORENA, fue vapuleada en su cumpleaños por detractores gratuitos, por “desperdiciar el dinero del pueblo y adornarse”. La que no quedó conforme fue la alcaldesa de Guasave, Sinaloa, Aurelia Leal, quien compró a China un túnel con valor de 355 mil pesos, certificado por COFEPRI y verificará los aparatos pues los asiáticos tienen experiencia de años y garantizaron la seguridad de las cabinas. Pero López Gatell detonó otra bomba, esta contra el mismo, al reconocer que hay 26 mil contagios, en lugar de 3 mil que anunció un día antes, dando un panorama muy distinto que desalentó e impactó en la admiración que se había ganado, mientras su jefe Jorge Alcocer no asoma ni la punta de la nariz.