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Por lo que se sabe, el planeta Urano está perdiendo una pequeña parte de su atmósfera, que se fuga al espacio, quizá por efecto del campo magnético del planeta. Una nueva revisión de los datos reunidos en 1986 por la sonda espacial Voyager 2 a su paso junto a Urano, ha revelado que la nave, la única que ha visitado ese mundo, captó aquel año algo de lo que nadie se había dado cuenta hasta ahora.
Hace 34 años, sin que nadie lo supiera, la Voyager 2 voló a través de un plasmoide, una burbuja magnética gigante que puede haber estado expulsando al espacio parte de la atmósfera de Urano. El tardío e inesperado hallazgo plantea nuevas cuestiones sobre el entorno magnético único del planeta.
Las atmósferas planetarias de todo el sistema solar tienden a perder materia en el espacio poco a poco. Por ejemplo, de la atmósfera de Venus escapa hidrógeno que acaba uniéndose al viento solar. Este es la corriente constante de partículas que escapan del Sol. Júpiter y Saturno expulsan masas gaseosas cargadas eléctricamente.
Incluso la atmósfera de la Tierra sufre fugas, aunque esto no debe preocuparnos porque la atmósfera se mantendrá durante mil millones de años más o menos.
Los efectos de todos estos escapes son minúsculos en la escala humana del tiempo, pero a muy largo plazo pueden alterar de manera drástica el destino de un planeta, tal como señala Gina DiBraccio, astrofísica en el Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA y miembro del equipo científico de la sonda espacial MAVEN (Mars Atmosphere and Volatile Evolution). Un ejemplo claro que ella expone es el de Marte. En el pasado lejano, era un planeta húmedo con una atmósfera espesa. Sin embargo, después de cuatro mil millones de años de fuga de gas marciano al espacio, es hoy el planeta seco que conocemos.
La fuga de gas de la atmósfera de un planeta hacia el espacio se ve influenciada por el campo magnético de ese planeta, que puede tanto promover el proceso como obstaculizarlo. A menudo los campos magnéticos protegen a los planetas, evitando la incidencia de ráfagas de viento solar que destruyen la atmósfera. Pero también pueden crear oportunidades de escape, como las gigantescas masas gaseosas cargadas eléctricamente que se desprenden de Saturno y Júpiter cuando las líneas del campo magnético se enredan. De cualquier manera, para entender cómo cambian las atmósferas, los científicos deben prestarle mucha atención al magnetismo.
Con información de: Noticias de la Ciencia

