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Un año más, los Globos de Oro se decantaron por desafiar a la lógica y encumbrar a la que no encajaba en los pronósticos, 1917, de Sam Mendes, elegida mejor película del año. El director británico acabó la noche tan desconcertado como la mesa en la que estaban sentados un puñado de dioses, como los describió Brad Pitt, gente como Al Pacino, Joe Pesci, Robert De Niro y el propio Scorsese. Su esfuerzo coral, por inaudito que resulte, se fue de vacío.
Mendes no pudo hacer otra cosa más que agradecer el detalle de la Asociación Extranjera de Prensa, un empujón que sin duda le vendrá bien a su película en los cines de Estados Unidos, a punto de estrenarse. Antes, además, le habían dado el Globo de Oro como mejor director, por delante del ganador de la Palma de Oro en Cannes, Bong Joon-Ho y del mismísimo Scorsese. Otro delirio.
El único -además de Mendes- que terminó realmente exultante fue Quentin Tarantino. Su novena película y la mejor de su carrera tuvo una noche pletórica. Erase una vez en… Hollywood, su particular interpretación de los años 60 en Hollywood con un psicópata como Charles Manson de fondo, se salió en el Beverly Hilton de Los Angeles. Se llevó tres premios, la que más, por delante de los dos de 1917 y Joker. Mejor guión, mejor película musical o comedia y mejor actor de reparto para Brad Pitt.
Con información de: El Mundo

