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¡¡¡El autoelogio!!!

Por Cecilia García Cruz

«Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve».

Hebreos 11:1

El teniente Diógenes Bravo, un policía honesto y humilde al servicio de la comunidad, no fue convidado al Primer Informe de Gobierno de Cuitláhuac García.

Convirtió la pobreza extrema en una virtud y vivía en una tinaja; de día caminaba por las calles con una «lámpara encendida» en busca de hombres honrados.

Por su disciplina férrea casi espartana, y como servidor público decidió acercarse al Teatro del Pueblo, escenario del evento político donde se hizo pasar por un elemento con la instrucción de proteger a la enviada de AMLO.

Diógenes, pudo colarse entre «chairos, tirios, troyanos y acarreados».

Recibió empujones, codazos, mentadas de madre y pinchazos en los ojos, pero logró saludar a la señora Olga María del Carmen Sánchez Cordero, «la mera mera» de Gobernación y enviada especial del «terco y perseverante» constructor de la 4T.

La mismísima ex ministra que representó al tabasqueño en la toma de protesta de Jaime Bonilla como gobernador de Baja California y donde se ufanó al declarar a la prensa que el flamante mandatario «pervivirá» cinco y no dos años en el poder «porque es legal y la norma está vigente».

Diógenes, con gran discreción se sentó en la parte más alta de la gradería, o sea, en una butaca de gayola desde donde observó y escuchó perspicazmente cada una de las expresiones del mandatario.

No se emocionó, menos aplaudió. Pero eso sí, constantemente arqueaba las cejas y abría los ojos como lo hacía Adalberto Martínez, el extraordinario comediante más conocido como «Resortes» por su estilo muy peculiar de bailar. Todo un señor bailarín del mambo y el chachachá, que sabía «mover el bote» al ritmo de la música cubana.

Diógenes no lo podía creer. Escuchaba agradecimientos y más agradecimientos; elogios al por mayor para los integrantes del gabinete presente.

Muchas gracias, muchas gracias, muchas gracias, era el eco estridente que retumbaba en el recinto. Nos recordó a Don Pedro Vargas con su tradicional «muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido…»

O como diría el diputado Héctor Yunes «de poco le sirve a Veracruz convertir un acto republicano en un espacio para el autoelogio, el aplausómetro y el futurismo. La principal aspiración del gabinete debe ser cumplir con la tarea encomendada».

Al concluir el evento, un avezado periodista ubicado en la puerta principal del teatro, intentó entrevistar a Cuitláhuac, pero «el estado mayor chiquito» lo impidió.

Diógenes, muy atento y respetuoso saludó al reportero quien le preguntó si conocía al secretario de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado y la respuesta fue «solo en fotografía y por lo que se dice de él».

Y de bote pronto, el periodista le soltó:

¿Y usted qué opina del informe?

«Mucho se ha dicho que se hará justicia, caiga quien caiga y resulta que caen los que no debieran caer, mientras aquellos a quien les cae de todo, esos nunca caen.

«Vivimos en un mundo de desorden y de violencia, un mundo donde nadie respeta a las instituciones ni las instituciones respetan a nadie; un mundo de injusticias donde se abusa de la autoridad que da el poder.

«Nosotros, la policía, debemos de representar el orden y la seguridad y no convertirnos en una amenaza uniformada.

«Cuando nos demos cuenta, cuando hagamos conciencia que más que autoridad somos servidores públicos, nos habremos ganado el respeto de nuestros conciudadanos y la confianza de la sociedad a la cual servimos».

El reportero quedó sorprendido con las declaraciones de Diógenes quien le dio «la de ocho» del informe de labores para su medio de comunicación.

Esta exposición detallada, lúcida y certera, corresponde a un fragmento del filme «El patrullero 777», estrenada el 27 de abril de 1978 y el penúltimo trabajo de nuestro Charlot mexicano, Mario Moreno, el popular «Cantinflas».

Han transcurrido 41 años desde que el teniente Diógenes Bravo (Cantinflas) emitió este vibrante mensaje que traza a la perfección los escenarios políticos actuales al señalar los infortunios de la justicia, el desorden, la violencia, el temor a la policía, la prepotencia de los funcionarios públicos y la desconfianza, cada día más inflexible, de la sociedad hacia ellos.

Ante el escenario errático de funcionarios ineptos, solo se puede afirmar:

El «tigre» se quedó sin soga y está despierto.

´¿O no chatos?´.

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